Al día siguiente llegó a la empresa y, antes de que tuviera tiempo de comer, Wang Jin lo llamó a su oficina. Gu Qingpei intuía lo que Wang Jin quería decirle, y ya se había preparado para recibir sus reproches.

Wang Jin le dirigió una leve sonrisa y señaló el sofá.

—Siéntate.

Gu Qingpei se sentó.

—Hermano Wang, ¿ocurre algo?

—Estuve pensando anoche y creo que deberías seguir a cargo de esta licitación —dijo Wang Jin con una sonrisa—. En primer lugar, eres la persona más familiarizada con el proyecto; tú mismo planeaste todo el documento de la oferta y formaste al equipo. Aunque llevas poco tiempo en la empresa, te has ganado la confianza de todos. A decir verdad, cambiar de general a mitad de la batalla es algo para lo que no encuentro a nadie adecuado.

Gu Qingpei estaba a punto de hablar, pero Wang Jin se le adelantó:

—En segundo lugar, después de todo, tienes cierta relación personal con Yuan Yang. Si vas a lidiar con él, sin duda será más conveniente porque lo conoces.

—Hermano Wang, precisamente porque tengo una relación personal con él, esto resulta de lo más inapropiado —respondió Gu Qingpei sin inmutarse. El hecho de que Wang Jin pretendiera enviarlo a confrontar a Yuan Yang no solo era una forma de desafiarlo y desestabilizarlo, sino, más importante aún, una manera de obligarlo a demostrar su lealtad. Si aceptaba, tendría que enfrentar a solas la furia de Yuan Yang y todas sus conductas irracionales; si se negaba, Wang Jin jamás volvería a confiar en él.

No, tal vez nunca había confiado en él desde el principio.

Esta jugada de Wang Jin era verdaderamente siniestra.

—¿Qué tiene de inapropiado? Eres un empleado de mi empresa, Qingpei, y confío en que sabes separar lo público de lo privado. Aunque esto pueda resultarte un poco incómodo, tu antigua relación con Yuan Yang es algo que, precisamente, podemos aprovechar bien. No infringe ninguna norma, ¿no crees? —El tono de Wang Jin era cálido y sincero, sin rastro alguno de estar tendiéndole una trampa.

Gu Qingpei adoptó una expresión seria.

—Hermano Wang, si realmente soy yo quien va al frente a tratar con Yuan Yang, lo único que conseguiré será armar un completo desastre; jamás se logrará el efecto que deseas. Que no confíes en mí es mi propia falta, así que, dadas las circunstancias, prefiero presentar mi renuncia. Es mejor así para evitar que guardes resentimientos en tu corazón. Si me retiro ahora, todavía podremos seguir siendo amigos. —Gu Qingpei se puso de pie y caminó hacia la puerta.

Detrás de él, unos pasos apresurados agitaron el aire. Gu Qingpei sintió que lo sujetaban con fuerza por los hombros antes de que pudiera reaccionar; fue empujado contra la pared y unos labios ardientes se estamparon contra los suyos de golpe, devorándolos con cierta brutalidad. Gu Qingpei apretó los puños, pero al final contuvo el golpe. Limitándose a empujar a Wang Jin con firmeza, declaró con voz gélida:

—Presidente Wang, por favor, tranquilícese.

Wang Jin, manteniendo las manos sobre los hombros de Gu, bajó la cabeza jadeando con pesadez. Le tomó un buen rato levantar la mirada; sus ojos estaban inyectados en sangre cuando articuló con voz ronca:

—Qingpei, de verdad me gustas, pero me decepcionas una y otra vez.

Gu Qingpei sintió una pizca de culpa.

—Hermano Wang, lo siento, pero te juro que jamás me alié con Yuan Yang para perjudicarte. No tenía la menor idea de que fuera socio de Zhongxian; no he hecho nada que atente contra la empresa. Sin embargo, sé que soy el causante de estas pérdidas y que, sin duda, tengo una responsabilidad ineludible.

La mirada brillante de Wang Jin recorrió el rostro de Gu Qingpei sin parpadear. Tras un largo silencio, habló:

—Está bien, te creo, pero no quiero volver a ver que sigas enredado con Yuan Yang.

Gu Qingpei bajó los párpados.

—Hermano Wang, lo que pasó entre nosotros es algo que no puedo explicarte, pero hablo en serio cuando digo que renuncio. Lo he estado meditando durante mucho tiempo, yo…

—¿Renunciar? ¿A qué te refieres? —preguntó Wang Jin con voz sombría—.

—Hermano Wang, mis asuntos con Yuan Yang ya han afectado gravemente mi trabajo y ahora perjudican de manera directo los intereses de la empresa. No puedo seguir quedándome aquí.

Wang Jin soltó una carcajada irónica.

—¿Me estás diciendo que Yuan Yang me tendió una trampa por la espalda solo por ti? —Ese motivo le parecía del todo ridículo; para él, cometer una locura tan impulsiva por cuestiones sentimentales era sencillamente absurdo. Sin embargo, al observar la expresión de Gu Qingpei, se dio cuenta de que no estaba bromeando. Wang Jin sacudió la cabeza y rio por lo bajo. —Qingpei, ¿qué se supone que deba decir de ti? ¿Que eres una belleza fatal?

Gu Qingpei esbozó una sonrisa autodespreciativa.

—Hermano Wang, no te burles de mí. Solo espero que puedas perdonarme.

—Quieres que te perdone… —Wang Jin soltó una risa amarga—. Mejor pregunta si alguna vez he sido capaz de culparte, a pesar de que siempre terminas decepcionándome.

Gu Qingpei suspiró.

—Hermano Wang, de verdad lo siento muchísimo… Pagaré la penalización por rescisión de contrato en su totalidad. En serio… ya no quiero causarles más problemas.

Wang Jin le dio unas palmaditas en la mejilla.

—Pues yo todavía no he aceptado.

—Hermano Wang…

—No logro comprender qué pasa por la mente de Yuan Yang, pero ese tipo es un rufián bastante célebre en la ciudad de Beijing. Un hombre refinado como tú solo sirve para usar la cabeza, no para recurrir a la fuerza; no tiene nada de extraño que no puedas ganarle. Sin embargo, no acepto que renuncies por esa razón. Si renuncias, ¿qué planeas hacer después?

—Tengo planeado… ir a Singapur. Tengo un compañero de la universidad que emprendió un negocio allá; su empresa ya cuenta con una escala considerable y puedo unirme en cualquier momento.

Irse temporalmente parecía ser su única salida, pero no podía aceptar la invitación de Yuan Lijiang; de lo contrario, quedaría atrapado en una posición indefendible ante todos y traicionaría aún más a Wang Jin. Elegir un país del Sudeste Asiático que estuviera cerca de China, donde pudiera regresar rápido para las festividades o incluso llevarse a sus padres consigo, era con toda probabilidad la mejor alternativa en este momento.

Wang Jin dejó escapar un suspiro.

—Ya que te empeñas en marcharte, sé que no podré convencerte de lo contrario. No obstante, no hay ninguna necesidad de que renuncies. Si deseas ir a Singapur, todavía puedes trabajar para mí.

—¿Tienes una empresa en Singapur?

—Para ser específicos, pertenece a mi esposa —respondió Wang Jin sin el más mínimo rastro de culpa—. En los primeros años no nos llevábamos nada bien, pero luego de separarnos logramos convivir en paz. Ahora somos casi como amigos o familiares; después de todo, compartimos dos hijos. Sin embargo, debido a complicaciones con la división de bienes, no podemos divorciarnos. —Wang Jin lo contempló—. Nunca antes te lo había mencionado, espero que no me lo reproches.

Gu Qingpei sacudió la cabeza.

—Ese es un asunto privado tuyo, Hermano Wang.

Wang Jin sonrió con amargura.

—Que no te importe en absoluto me duele todavía más.

Gu Qingpei se sintió un poco incómodo.

—Soy el accionista principal de esa compañía, aunque ella se encarga de la gestión. Su capacidad es limitada, por lo que la empresa apenas logra mantenerse a flote y no termina de despegar; si vas, podrías darle una mano. Además, mis dos hijos también están en Singapur, así que podríamos vernos con frecuencia. Qingpei, no voy a aceptar tu renuncia. Si de verdad no quieres quedarte en Beijing, este es el mejor arreglo que puedo ofrecerte. Tu salario y prestaciones serán exactamente iguales a los que tienes aquí.

Por primera vez, Gu Qingpei fue incapaz de seguir respondiéndole a Wang Jin con evasivas profesionales. Bajó la cabeza y murmuró con voz ronca:

—Hermano Wang, es mejor que dejes de ser tan bueno conmigo.

—Tampoco lo hago enteramente por ti. Mi esposa ha llevado el negocio en Singapur de una forma bastante mediocre y yo no tengo tiempo para atenderlo. Si vas, la empresa se desarrollará sin duda, lo cual resultará en un beneficio mutuo. Y además, ¿qué puedo hacer si me gustas?

Gu Qingpei se sintió conmovido por primera vez. Wang Jin y Yuan Yang eran dos tipos de personas completamente opuestos, por lo que sus maneras de expresar el afecto diferían drásticamente. Quizá Wang Jin no poseía la obstinación de Yuan Yang, pero el afecto que ofrecía era racional, pragmático y minuciosamente meditado. Aunque Gu Qingpei no correspondía a sus sentimientos, aquello le proporcionaba una inmensa tranquilidad.

Tras reflexionar un momento, comentó:

—Hermano Wang, esta también representa una excelente opción para mí, pero me preocupa que Yuan Yang te cause problemas.

Wang Jin soltó una carcajada.

—¿Por qué habría de tenerle miedo? Descuida, Yuan Lijiang no se quedará de brazos cruzados viendo cómo su propio hijo se le sube a las barbas; tarde o temprano lo pondrá en su lugar. A mí solo me tocará disfrutar del espectáculo.

Gu Qingpei exhaló un suspiro.

—Hermano Wang, pensar que un muchachito veinteañero me ha acorralado a tal extremo… Debo parecerte un chiste.

—No digas tonterías. —Wang Jin lo rodeó por los hombros con un brazo y le dijo con dulzura—: Me duele verte pasar por esto.

Gu Qingpei no pudo evitar sentir una profunda amargura.

Wang Jin lo consoló con unas cuantas palabras más.

—Puesto que ya has tomado una decisión, le pediré a mi asistente que gestione tus trámites de traslado —esbozó una sonrisa—. ¿Sabes algo? En realidad me alegra un poco, se siente como si fuera a mantenerte oculto del resto del mundo.

Gu Qingpei forzó una leve sonrisa.

Wang Jin le dio unas palmadas en el hombro.

—Antes de que te marches, hazme un favor con el asunto de la licitación.

—Dime.

—Zhongxian quiere negociar conmigo para que me retire de la competencia o para que desarrollemos el proyecto en conjunto. Aunque el desarrollo conjunto sea una alternativa secundaria, sigue siendo la mejor opción dadas las circunstancias actuales; sin embargo, no estoy muy conforme con sus condiciones. Deseo que vayas a negociar con Zhongxian.

—¿A negociar con Zhongxian o con Yuan Yang?

Wang Jin sonrió de medio lado.

—Con ambos.

A pesar de ser plenamente consciente de que Wang Jin lo estaba utilizando, le resultaba imposible negarse. Ya dejando de lado el hecho de ser su empleado, considerando todo el apoyo que Wang Jin le brindaba, no tenía forma de rechazar semejante encomienda.

Asintió con la cabeza.

—De acuerdo, iré.

Wang Jin sonrió complacido.

—Iré contigo.

Anterior: Capítulo 86

Siguiente: Capítulo 88


Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario