Tan guapo
Chu Yan sonrió levemente, subió el breve video de treinta segundos a internet usando una cuenta alternativa de Weibo recién creada y pagó a un ejército de troles para posicionarlo directamente en el top diez de las tendencias.
Por último, para evitar que alguien eliminara la tendencia, gastó cinco puntos de bofetada en el sistema para canjear la función de “Antieliminación de tendencias”.
El tiempo de uso de esta función era de una semana; durante esos siete días, sin importar de quién se tratara, nadie podría bajar esa tendencia.
Tras finalizar esta serie de acciones, cerró la cuenta alternativa con total naturalidad. Arqueó levemente las cejas, bloqueó el teléfono y lo arrojó a un lado con una sonrisa apenas perceptible en los labios.
¿No decían que su cuñado era el jefe de policía? Ya vería si la posición de ese cuñado era tan estable como presumía.
Al abrirse la puerta del baño, levantó la mirada y vio a Xiao Suian salir en su silla de ruedas. Llevaba un pijama gris. Su cabello negro, siempre impecable, lucía un poco desordenado; algunos mechones caían sobre su frente, suavizando de forma inexplicable sus facciones frías.
Xiao Suian se acercó a la cama con tranquilidad, se apoyó para sentarse en el colchón y, sin inmutarse, levantó la manta fina que cubría a Chu Yan para echársela directamente encima.
—¿Te molesta compartir la manta conmigo? —preguntó Xiao Suian en voz baja, girando la cabeza para encontrarse con su mirada.
Oye, ya te tapaste, ¿tenía sentido preguntar eso ahora?
Además, al fin y al cabo eran esposos, ¿qué habría de importarle?
Parpadeó y negó con la cabeza lentamente.
—No me molesta.
—Mmm, ¿a qué hora sueles dormir? —preguntó Xiao Suian en voz baja, tomando el libro de la mesita de noche para buscar la página donde se había quedado por la tarde—. Es probable que lea un rato más.
—No te preocupes. Suelo acostarme tarde, me gusta usar el teléfono antes de dormir.
Que se enterara de lo que era un ave nocturna del nuevo siglo.
Tras el fin de la conversación, ambos se sumieron en un silencio simultáneo y se dedicaron a lo suyo sin interferir con el otro.
Poco antes de las once de la noche, Xiao Suian cerró el libro y lo dejó sobre la mesita de noche. Al verlo, Chu Yan cooperó bloqueando la pantalla de su teléfono para colocarlo también a un lado.
—¿Ya vas a dormir? —preguntó al mirar a Xiao Suian.
—Mmm.
—Entonces yo también me dormiré.
A pesar de que Chu Yan se mostraba muy tranquilo y desenvuelto, en realidad era la primera vez que compartía la cama con alguien.
Y mucho menos cuando esa persona era su esposo solo de nombre.
A decir verdad, resultaba bastante incómodo.
Además, podía apostar a que, aunque Xiao Suian luciera con una actitud serena, lo más probable era que se sintiera tan fuera de lugar como él.
—¿Te mueves mucho al dormir?
La repentina pregunta dejó pasmado a Chu Yan, quien ya se había metido bajo las sábanas. Negó con la cabeza.
—No me muevo.
—Está bien. Tengo un sueño ligero y me despierto con facilidad.
Dicho esto, Xiao Suian estiró la mano para apagar la luz y también se acostó.
—Ah.
Chu Yan: rostro_sin_expresión.jpg
Había que escuchar eso, ¿acaso parecía la conversación de un matrimonio?
Perfecto, ahora ya no sentía ni una pizca de incomodidad, lo único que deseaba era cerrar los ojos de inmediato e irse a dormir.
Por fortuna, Xiao Suian no hizo ningún ruido tras acostarse, de modo que él también se sumió rápidamente en el sueño.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtró por la rendija de las cortinas y proyectó un pequeño rayo dorado sobre el suelo de madera, como si lo hubiera espolvoreado con pan de oro. Las diminutas motas de polvo, casi imperceptibles por lo general, danzaban en el rayo de luz como hadas doradas rebosantes de júbilo.
Ese rayo de sol no afectó en absoluto el descanso de Chu Yan; para cuando despertó, ya eran las nueve y media de la mañana.
Se frotó los ojos al sentarse y notó que el lado junto a él estaba vacío; al mismo tiempo, escuchó algunos ruidos provenientes del baño. Supuso que Xiao Suian se estaba arreglando en ese momento, así que se puso una ropa similar a la del día anterior y esperó a que saliera. Luego, entró directamente al baño y comenzó a lavarse la cara y los dientes.
Cuando terminó y salió del cuarto de baño, justo vio a Xiao Suian poniéndose un saco gris parduzco. Era un traje sumamente formal a simple vista.
—Vaya, ¿acaso el señor Xiao también debe usar traje formal en su luna de miel? —Se apoyó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados y arqueó las cejas hacia él, con la mirada llena de burla.
La mano con la que Xiao Suian se arreglaba la corbata se detuvo en el aire. Levantó la mirada hacia Chu Yan y preguntó con seriedad:
—Si no es esto, ¿qué debería ponerme?
—Puesto que vinimos a disfrutar nuestra luna de miel, por supuesto que tienes que usar ropa apta para pasear —respondió con total seriedad y ladeó un poco la cabeza.
Xiao Suian guardó silencio por un par de segundos. Lo escaneó de arriba abajo con la mirada.
—¿Por ejemplo, algo como lo que llevas puesto?
—Ajá.
Con el rostro lleno de confianza, abrió los brazos de par en par y dio un giro de trescientos sesenta grados para exhibir ante Xiao Suian cada ángulo de su atuendo tan característico.
Una camiseta holgada y unos pantalones cortos enormes; el clásico conjunto de playa.
—Entonces olvídalo.
Xiao Suian apartó la mirada de golpe y, en un segundo, bajó la cabeza para seguir acomodándose la corbata.
Oye, oye, señor Xiao, su reacción fue demasiado exagerada, ¿no le parece?
Con el rostro teñido del disgusto propio de quien siente que no aprecian su buen gusto, frunció los labios.
—En realidad, no es obligatorio que se vista igual que yo, basta con que use algo más casual.
Xiao Suian bajó levemente la mirada y respondió con un tono de voz monótono:
—Solía vestirme así antes, pero ya no me resulta apropiado.
—¿Por qué no sería apropiado? Pienso que cualquier estilo de ropa le quedaría bien —declaró con naturalidad. Sus pupilas color ámbar irradiaban una convicción absoluta—. ¿Qué le parece si hoy me hago un espacio y lo acompaño a comprar un par de conjuntos?
Xiao Suian alzó los ojos, tan oscuros como el carbón, y se encontró con los de Chu Yan, que esbozaban una leve sonrisa. Sus labios se movieron por instinto y dejó escapar una respuesta afirmativa.
—Está bien.
—Entonces es un trato.
Las comisuras de sus labios se curvaron un poco hacia arriba. Posó la mirada en las manos que sujetaban la corbata; aquellos dedos largos, de nudillos definidos, resultaban sumamente placenteros a la vista.
Un destello cruzó por sus ojos y sonrió de la nada.
—Querido señor Xiao, veo que aún no termina con su corbata —preguntó, llevado por un impulso repentino—. ¿Quiere que lo ayude a anudarla?
Xiao Suian detuvo sus movimientos por un instante, volteó a mirarlo y asintió.
—Ven —ordenó con voz grave.
Caminó hasta quedar frente a él y se inclinó un poco hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. Extendió la mano y sujetó la corbata.
—Ahora que lo pienso, jamás le he atado la corbata a nadie.
—¿Sabes hacerlo?
—Por supuesto que sé.
Su respuesta sonó muy segura, pero, al segundo siguiente, ladeó la cabeza; no le importó en absoluto recibir una bofetada de realidad inmediata y dejó al descubierto la duda en sus ojos sin ningún disimulo:
—¿Eh? ¿Cómo se suponía que seguía?
Al oírlo, Xiao Suian tensó las comisuras de los labios. Lo miró y, acto seguido, bajó la vista hacia aquel par de manos pálidas y delgadas posadas en su corbata.
—Tienes que pasarlo por el lado derecho —le indicó en voz baja.
—Ah, ¿así? —Sujetó un extremo de la corbata y lo cruzó hacia la derecha, tal y como le indicaron, pero, lo moviera por donde lo moviera, la posición se sentía incorrecta—. ¿Creo que no es así?
Xiao Suian alzó la mirada, recorriendo las facciones del contrario; luego, levantó ambas manos hasta posarlas con delicadeza sobre el dorso de las de Chu Yan. Empezó a guiar sus movimientos con lentitud.
—Debería ser así —le corrigió en un tono grave.
El calor inesperado que cubrió sus manos lo tomó desprevenido. Alzó la vista y se encontró de lleno con la expresión concentrada de Xiao Suian, quien mantenía los ojos bajos. Sus pestañas temblaron velozmente por unos segundos.
Bajó la mirada y terminó de anudar la tela bajo sus indicaciones; tras palmear suavemente la zona del nudo, preguntó con total calma:
—¿Está bien así?
Xiao Suian le dedicó una mirada profunda. Frunció un poco los labios.
—Quedó muy bien —respondió en voz baja.
Cuando terminó de vestirse y acomodar el cuello de su camisa, Chu Yan lo evaluó de arriba abajo con seriedad; sus ojos se curvaron en una sonrisa llena de aprecio.
—¡Guau! El señor Xiao luce muy apuesto.
Frente al coqueteo descarado, Xiao Suian alzó la vista y le dirigió una mirada fugaz antes de responderle con total serenidad:
—El señor Chu también luce muy apuesto el día de hoy.
Se sorprendió un poco al notar que le seguía el juego; arqueó las cejas y le guiñó un ojo. Acto seguido, dio un tirón a su pantalón corto de Snoopy y no pudo contener una risa ligera.
—Muchas gracias por el elogio, señor Xiao.
Xiao Suian tensó la comisura de los labios al observar sus bermudas estampadas. Apartó la mirada casi de inmediato y no volvió a decir una palabra.
De repente descubrió que Chu Yan era un tanto adorable.
Originalmente no había pensado adónde salir a pasear ese día, pero, como acababa de mencionar el tema de comprar ropa, simplemente incluyó la actividad de “acompañar a Xiao Suian a renovar el armario” en su itinerario.
Ambos salieron de casa después de almorzar. Puesto que Chu Yan no estaba para nada familiarizado con la ciudad H, primero tuvo que consultarle al mayordomo por las ubicaciones de varias sucursales de marcas de ropa internacionales; después, simplemente eligió un auto deportivo discreto del garaje de la villa y condujo directo hacia su destino.
Xiao Suian tenía la intención de comunicarse con antelación con los gerentes de aquellas sucursales, pero a él le pareció algo innecesario; de todos modos, solo irían a comprar un par de conjuntos y no había ninguna necesidad de movilizar a tanta gente.
Condujo directamente hacia la tienda de marca más prestigiosa y amplia de toda la ciudad H, la cual se especializaba en moda masculina; con solo cruzar la puerta de entrada ya se podían apreciar numerosas prendas de la nueva temporada. Había estilos sumamente variados: prendas enfocadas en lo formal, líneas deportivas y piezas puramente casuales, abarcando casi todo el espectro de estilos de ropa de hombre disponibles en el mercado.
Tratándose de una marca de renombre internacional, los precios estaban lejos de ser asequibles para el bolsillo de cualquier familia promedio, así que casi no había clientes en el interior del local.
—Puedes probarte la línea casual o algo que sea un punto medio entre informal y formal. —Señaló una camiseta que colgaba a un lado y, a continuación, apuntó hacia la camisa de mangas cortas vestida por un maniquí cercano.
Xiao Suian dio un simple vistazo y respondió en tono casual:
—Lo que sea está bien.
—Bienvenidos, ¿qué estilo de prendas están buscando? Puedo ofrecerles recomendaciones si así lo desean.
Al verlos entrar, un dependiente de actitud sumamente amistosa se les acercó a saludar con una sonrisa. No mostró ninguna intención de despacharlos solo por el peculiar atuendo de Chu Yan, aunque sí fue evidente que su amabilidad se volvió mucho más obsequiosa al notar el aura de distinción innegable que emanaba Xiao Suian.
De todos modos, era una reacción razonable y comprensible.
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