A primera vista

La primera vez que Jian Suiying vio a Li Yu fue en la sala de estar de su propia casa. Cuando entró por la puerta con un cigarrillo en la boca, vio a Jian Suilin y a un muchacho sentados en el sofá, charlando y riendo.

El muchacho estaba de espaldas a él; la camiseta del Feyenoord, empapada de sudor, se le pegaba a la espalda, dejando entrever las líneas anchas y atléticas de su musculatura. Sus camisas y los bajos de sus pantalones aún estaban manchados de barro, pero se habían sentado sin ningún reparo en el sofá de cuero color crema. Sobre la mesa de centro había latas vacías de refresco y un par de pedazos de pastel, y a sus pies descansaba un balón de fútbol completamente sucio.

Al escuchar el sonido de la puerta al abrirse, las dos personas que conversaban en el sofá, uno levantando la cabeza y el otro girándola, miraron al unísono hacia la entrada.

En el instante en que Jian Suiying y aquel muchacho cruzaron miradas, sintió de repente que no podía dar un paso más. Ese sentimiento, diciéndolo de forma elegante, se llamaba amor a primera vista; diciéndolo sin rodeos, fue: con solo verlo por primera vez, ya se me paró. Solo que, al recordarlo más tarde, se daría cuenta de que todo eso era una jodida deuda kármica.

En resumen, en ese momento sintió que su corazón se aceleraba, su respiración se entrecortaba y las venas de su frente palpitaban con fuerza.

¿Cómo describir a ese muchacho? Sus facciones eran tan perfectas, su aspecto tan apuesto que, según las palabras del propio Jian Suiying, creció exactamente a la medida de mis putos gustos. Lo que más le gustaba al joven amo Jian eran precisamente los chicos de ese tipo: atléticos, apuestos, de labios rojos y dientes blancos, con aires de chico guapo y mantenido. Y para colmo, el que tenía frente a sí era muchísimo más hermoso que cualquier otro que hubiera visto antes. Siempre había pensado que su idiota hermano menor ya era uno de los muchachos más atractivos y agraciados, pero el que tenía delante poseía un aura de madurez y gallardía completamente diferente. Su mirada bajó desde los labios rojos y el hermoso cuello blanco del joven, hasta las pantorrillas largas y firmes que asomaban por debajo de sus pantalones cortos.

En su vida había tenido a innumerables personas, pero nunca había sentido un deseo tan apremiante de acercarse a alguien como en ese momento. Pero, para su desgracia, esta persona tenía que ser amigo de Jian Suilin.

Reprimió el deseo en su corazón y fingió lanzarles una mirada de total indiferencia. Al ver su expresión de disgusto, Jian Suilin se apresuró a llamarlo:

—Hermano, ya regresaste.

—Mm —murmuró Jian Suiying, ignorándolo como de costumbre.

—Hermano, este es mi compañero de clase, Li Yu, el nieto del viejo general.

—¿Ah, sí? —preguntó Jian Suiying—. ¿Cómo es que nunca lo he visto?

—El tío Li había sido transferido a otra provincia antes, ¿lo recuerdas? —explicó Jian Suilin—. Acaba de ser transferido de vuelta este año. Nos conocemos desde que éramos pequeños, pero también hace mucho tiempo que no nos veíamos.

Jian Suiying recordó que hace un tiempo su padre parecía haber mencionado que el hijo del viejo Li acababa de ser ascendido y había sido transferido de regreso a Beijing recientemente. En su momento solo lo escuchó por encima, sin darle demasiada importancia; las familias Jian y Li tenían el tipo de relación en la que solo se visitaban por cortesía durante los días festivos, pero no eran especialmente cercanas. Sin embargo, si hubiera sabido que el viejo Li tenía un nieto tan precioso y hermoso, sin duda se habría pasado por su casa a cada rato para ganarse su confianza.

Asintió con la cabeza y, reprimiendo las palpitaciones de su corazón, trató de mantener una expresión calmada en su rostro mientras se acercaba a ellos. Jian Suilin se puso de pie, y Li Yu lo imitó levantándose también.

Li Yu se había desarrollado muy bien, ya era casi de su misma altura. Su figura era esbelta y atlética, y su apuesto rostro conservaba esa inexperiencia que oscilaba entre un hombre y un niño; el joven tenía un aspecto tan excitante que hacía que a cualquiera le latiera el corazón a mil por hora. Jian Suiying sintió que la picazón en su corazón se intensificaba; siempre le había gustado jugar con chicos de extremidades largas y cuerpos musculosos. Solo cuando un hombre poseía un cuerpo así se le podía llamar verdaderamente hermoso y sexy.

Jian Suiying extendió la mano y sonrió:

—¿El nieto del viejo Li? Entonces tienes que llamarme Jian-ge.

La expresión de Li Yu fue muy indiferente, pero sin faltar al respeto. Estrechó ligeramente su mano y asintió:

—Jian-ge.

El agrado de Jian Suiying por él aumentó un poco más; ver un aura tan madura y serena en un muchacho de dieciocho o diecinueve años era verdaderamente inusual. Palmeó deliberadamente la espalda de Li Yu.

—¿Acaban de jugar al fútbol? —preguntó—. No pongan el aire acondicionado tan fuerte, su ropa aún no se ha secado, podrían resfriarse. La sensación de esos músculos flexibles y firmes bajo su mano le provocó un estremecimiento en el pecho.

Era muy raro que Jian Suilin se encontrara con su hermano tratándolo de forma tan afable, por lo que no pudo ocultar su alegría y tomó apresuradamente el control remoto del aire acondicionado.

—Enseguida subiré un poco la temperatura —dijo.

Jian Suiying miró de reojo el pastel sobre la mesa.

—¿Ya comieron?

—Aún no —respondió Jian Suilin.

—Si están cansados de jugar, ¿por qué en lugar de comer se llenan de estas porquerías dulces? —los reprendió—. ¿Dónde está la señora Wu?

—La señora Wu tuvo un asunto familiar y se fue por la mañana —explicó Jian Suilin.

—Entonces no hay nadie en casa.

—Papá no regresará, y mamá… mi, mi madre, también salió. —Jian Suilin se dio cuenta de que había hablado de más y se tensó de inmediato.

Si hubiera sido en cualquier otro momento, Jian Suiying habría aprovechado la oportunidad para burlarse de él y humillarlo, pero hoy parecía estar de un humor excepcionalmente bueno. No le dio importancia y, en cambio, sugirió:

—¿Pedimos comida a domicilio? Yo también tengo hambre.

—Ah, ¿y qué quieres comer, hermano? —respondió Jian Suilin.

—Me apetece comer ese… —Jian Suiying giró los ojos, miró a su hermano menor, que se sentía halagado por la repentina atención, y luego miró a Li Yu, que no sabía en qué estaba pensando, por lo que cambió de idea—: Olvídalo, no quiero comer comida de afuera, no es higiénica. Es raro que tu compañero de clase venga de visita, así que ve a cocinar tú. Esas berenjenas que preparaste la última vez estaban bastante buenas.

Jian Suilin se quedó pasmado por un momento. —Oh, está bien… ¿Quieres comer berenjenas, hermano? Iré a revisar la cocina. —Se dio la vuelta y se dirigió directamente hacia allá.

Tan pronto como se fue, Li Yu y Jian Suiying se quedaron a solas mirándose fijamente; Li Yu se sentía un tanto incómodo. Jian Suiying palmeó calurosamente su hombro y le sonrió.

—¿Por qué te quedas ahí de pie? Siéntate.

Li Yu forzó una sonrisa educada y tomó asiento.

Jian Suiying también se sentó a su lado. Al ver sus mejillas suaves y las marcadas líneas de su perfil, más se encaprichaba con él; deseaba con todas sus fuerzas poder inmovilizarlo sobre el sofá en ese mismo instante, arrancarle esa camiseta de fútbol y hacer con él lo que le diera la puta gana. Ahora que lo pensaba, en verdad nunca había jugado con un muchacho que llevara ropa de fútbol. Una vez que lograra ponerle las manos encima, definitivamente tendría que probar algo nuevo para variar.

Jian Suiying hizo todo lo posible por mantener una expresión facial normal, y adoptando el tono de un hermano mayor, le preguntó:

—Están a punto de rendir el examen de ingreso a la universidad. Al cambiar de escuela a estas alturas, ¿lograrás adaptarte?

—Más o menos, daré el examen sin importar dónde esté —respondió Li Yu de forma casual, mientras sus ojos se desviaban instintivamente hacia la cocina.

Jian Suiying encendió un cigarrillo y, justo cuando estaba a punto de llevárselo a los labios, miró a Li Yu y sonrió.

—¿Quieres uno?

Li Yu frunció levemente el ceño en un gesto casi imperceptible.

—No, gracias, no fumo —respondió.

Al ver su rostro que parecía esculpido en jade blanco y esa actitud fría y distante, a Jian Suiying le gustó aún más. No era ciego; podía darse cuenta de que Li Yu no tenía muchas ganas de tratar con él. Pero no era de extrañar; después de todo, era amigo de Jian Suilin. Ese mocoso sabe Dios lo que habría dicho de él a sus espaldas, así que habría sido un milagro que su amigo lo viera con buenos ojos. Sin embargo, mientras más se comportaba de esa manera, ¿acaso no se volvía más desafiante? A los hombres les excitaba por naturaleza la conquista, y al joven amo Jian le fascinaba que lo ignoraran; eso le daba mucho más sabor al asunto.

Fingiendo no notar la incomodidad en los ojos de Li Yu, continuó con su charla trivial:

—Así que te llamas Li Yu. ¿Cuál «Yu»?

—El «Yu» de jade —respondió Li Yu.

—Vaya, pero si ese es un nombre de niña.

Li Yu bajó ligeramente los párpados y no dijo nada.

—Es un nombre muy bonito —continuó Jian Suiying—. Si estuviera en otro hombre, definitivamente sonaría extraño, pero en ti, cuanto más se saborea, más encantador resulta. En esa última frase, el tono de Jian Suiying ya llevaba consigo un claro matiz de ambigüedad.

Li Yu, ya fuera porque no se había dado cuenta o porque simplemente fingía no haberlo hecho, mantuvo la mirada baja y forzó una sonrisa seca a modo de respuesta.

—Oye, ¿te he visto alguna vez cuando éramos pequeños? —preguntó Jian Suiying—. ¿A qué edad te marchaste de Beijing?

Un destello penetrante cruzó por los ojos bajos de Li Yu, y respondió con voz profunda:

—Probablemente no.

—Supongo que no, casi no lo recuerdo. —¿A qué edad vino Jian Suilin a vivir a mi casa? Ya lo olvidé… En ese entonces también eras un niño, pero si hubieras sido tan guapo como ahora, ten por seguro que jamás te habría olvidado. Jajajaja.

El rostro de Li Yu ya mostraba un ligero rastro de impaciencia, pero para no perder la cara, no tuvo más remedio que abstenerse de levantarse y marcharse.

—Y bien, ¿qué tal tus calificaciones? —inquirió Jian Suiying—. ¿A qué universidad planeas postularte?

—Están bien, me presentaré a una universidad local.

Jian Suiying era un descarado; cuanto más lo ignoraba la otra parte, más entusiasmado se sentía. Continuó con su parloteo:

—Así se habla. Después de todo, Beijing es la mejor opción. ¿Para qué irte a otra provincia donde no conoces a nadie y la vida te resultará extraña? ¿Verdad? Debes estar muy cansado en este momento. Xiao-Linzi suele quedarse despierto hasta las dos o tres de la madrugada, pero la verdad es que eso no es bueno; cuanto más se acerca el examen, mejor deben descansar. Si llegan a tener un problema de salud, al final terminarán retrasando todo, ¿no te parece?

—Sí.

—Está muy bien que hagan ejercicio cuando tienen tiempo libre, la salud es lo más importante. —Dicho esto, aprovechó la oportunidad para volver a palmearle la espalda a Li Yu; sintió por un instante esos músculos llenos de vitalidad y juventud, y su mente se estremeció de pura excitación.

Li Yu asintió con evidente incomodidad.

—Iré a la cocina a ayudar un poco.

—Eh, no es necesario. Si ni siquiera es capaz de hacer bien algo tan simple, entonces es un inútil. Tú eres un invitado, solo quédate sentado y ya… Por cierto, déjame preguntarte, ¿Xiao-Linzi tiene novia?

Li Yu negó con la cabeza. —No tiene.

—¿No tiene? Supongo que es bastante popular entre las chicas en la escuela. Yo también fui estudiante, así que entiendo que tener un romance a su edad no es el fin del mundo. Sin embargo, en un momento tan crucial como este no es conveniente que desperdicien su tiempo. Si llegara a tener una, debes decírmelo, lo hago por su propio bien.

—Jian-ge, en verdad no tiene.

—Oh. ¿Y tú, tienes novia? En realidad, esto era lo que Jian Suiying verdaderamente quería preguntar; le importaba una maldita mierda si Jian Suilin salía con alguien o no.

Li Yu ya sentía que no podía soportar estar sentado un segundo más, pero como aún no era apropiado levantarse e irse sin más, respondió con extrema impotencia:

—Yo tampoco.

Jian Suiying se sintió bastante complacido. Al ver que ya era suficiente, dejó de arrastrar a Li Yu en su cháchara. La impaciencia en los ojos de Li Yu ya era imposible de ocultar.

A decir verdad, Jian Suiying era un hombre franco y generoso, un auténtico macho con un montón de amigos y unas relaciones interpersonales excelentes. No era el tipo de persona que resultara molesta apenas lo conocías. Tratándose de un muchachito de la edad de Li Yu, con un par de comentarios halagadores habría bastado para hacer que cualquier niño sin experiencia en el mundo comenzara a idolatrarlo. Solo que, por desgracia, siendo amigo de Jian Suilin, Li Yu sentía aversión por él desde el fondo de su corazón. Jian Suiying sabía que era mejor detenerse a tiempo; le bastaba con haber dejado una impresión. Si continuaba acosándolo, terminaría siendo contraproducente.

—Entonces, siéntate y ponte cómodo, iré a la cocina a dar una vuelta. —Dicho esto, se levantó y se dirigió a la cocina.

Fue entonces cuando Li Yu por fin soltó un suspiro de alivio.

Tan pronto como Jian Suiying entró en la cocina, vio a su hermano menor salteando las verduras con un delantal puesto; su expresión era sumamente concentrada. Jian Suiying se apoyó contra el marco de la puerta.

—¿Cómo va la comida? —preguntó.

—Ah, hermano. Ya casi está listo. Vuelve y siéntate, aquí hay mucho humo y aceite.

—No importa. —Jian Suiying se acercó a su lado y miró los pimientos verdes esmeralda en el wok—. Huele muy bien.

Desde que era pequeño, Jian Suilin había crecido siendo humillado por su hermano; a lo largo del año rara vez había días en los que lo tratara de forma tan afable. Esta actitud lo tomó por sorpresa y no supo cómo responder.

Jian Suiying fingió preguntar de manera distraída:

—¿Y cómo es que el nieto del viejo Li fue transferido a estas alturas? ¿Será capaz de seguirle el ritmo a los estudios?

—Sí puede, es un tipo sumamente inteligente —aseguró Jian Suilin.

—Con él cayendo de la nada en la escuela, las niñas deben de haberse vuelto locas, ¿verdad?

Jian Suilin se rio:

—Así es. El día que llegó, las chicas que corrieron a nuestra clase solo para verlo terminaron bloqueando todo el pasillo. No estoy exagerando en lo absoluto.

Sin saber muy bien el motivo, Jian Suiying sintió de pronto una punzada de satisfacción en su pecho; probablemente consideró que él mismo tenía un ojo excelente.

Siguiente: Capítulo 2


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