Regreso solitario a la Estrella Capital

Las vacaciones de Ye Jun en el Planeta Xue’ai transcurrieron de manera maravillosa. Moss demostró ser un guía y guardaespaldas sumamente competente. Aunque a veces sus procesos lógicos resultaban un tanto inusuales y soltaba comentarios incomprensibles, la mayor parte del tiempo era bastante confiable: sabía volar, pelear e incluso actuar de forma adorable.

Hill se encontraba en plena luna de miel, por lo que el hospital le había concedido unas largas vacaciones. Gracias a esto, aparecía cada pocos días para pasar el rato con Ye Jun.

Ye Jun sentía un profundo afecto por Hill. Fue la primera persona que vio al abrir los ojos en este mundo y quien lo acompañó durante sus momentos más difíciles. Su comprensión inicial de esta nueva realidad provenía básicamente de él. Aunque Hill lucía como un niño, Ye Jun sabía perfectamente que era quien más cuidados le había brindado.

En el corazón de Ye Jun, Hill era tanto un hermano mayor como uno menor; ya se había convertido en su familia.

El General Rafal estuvo excepcionalmente ocupado durante este regreso al Planeta Xue’ai. Ye Jun solía verlo salir muy temprano por la mañana y regresar a altas horas de la noche.

Hill le explicó que las elecciones generales de la Federación acababan de comenzar, un proceso que normalmente se extendía por medio año.

La Galaxia Butterfly operaba bajo un sistema federal compuesto por diecisiete gobiernos estatales, cada uno formado por varios planetas. Siempre que no entraran en conflicto con el gobierno federal, estos estados poseían su propio sistema legal, así como poderes ejecutivos, militares y diplomáticos independientes.

Los trece planetas del norte bajo el mando del General Rafal constituían uno de estos gobiernos estatales, cuya capital se encontraba en el Planeta Xue’ai. Este estado en particular era el más antiguo y poderoso de toda la Federación.

Según las leyes federales, el actual jefe ejecutivo de un gobierno estatal no podía postularse a la presidencia, pero sí ejercer como miembro del parlamento o desempeñar funciones en otros departamentos del gobierno federal.

La ley también estipulaba que los jefes ejecutivos estatales debían permanecer un tiempo determinado cada año dentro de su jurisdicción. Además, durante el período electoral, ninguno tenía permitido abandonar sus planetas sin autorización.

Ye Jun asintió con comprensión. No era de extrañar que el General Rafal estuviera tan ocupado que apenas se dejaba ver. Administrar tantos planetas seguramente implicaba una cantidad incalculable de asuntos por resolver.

Recordó que, por estas mismas fechas el año anterior, Rafal había viajado especialmente a los estados del sur para buscarle comida. Para poder tramitar su ciudadanía estelar lo antes posible, comprimió meses de trabajo en apenas tres. Al pensar en esto, una emoción indescriptible brotó en el pecho de Ye Jun, una mezcla de profunda conmoción y dolor en el corazón.

Rafal era tan bueno con él. Le había entregado todo lo que estaba en sus manos, y, sin embargo, Ye Jun no tenía cómo corresponderle. Era una sensación realmente frustrante. Hill se había esforzado por convertirse en un médico Omega por el director Phillip, pero ¿qué podía hacer él por Rafal?.

Decidió entonces preparar una cena suntuosa. Lo que podía ofrecer en ese momento era insignificante, pero se prometió a sí mismo crecer rápidamente y dar su mayor esfuerzo para recompensar al general.

…

Ese día, cuando el General Rafal regresó a casa, notó que la cena aún no había comenzado. La mesa estaba repleta de sus platillos favoritos, y su pequeño Omega aguardaba sentado tranquilamente frente a su asiento.

Rafal se conmovió al instante ante aquella escena. Durante muchos años había fantaseado con que llegara este día; regresar a casa por la noche y ver a la persona que amaba profundamente sentada allí, esperándolo, tal como su madre solía esperar a su padre cada noche en el comedor. Hoy, por fin había encontrado a esa persona.

Se acercó a su pequeño Omega y se inclinó para depositar un suave beso en los labios de Ye Jun.

—Gracias por esperarme.

Su pequeño Omega lo miró, curvando los labios en una sonrisa.

—Vamos a comer, se va a enfriar —dijo.

Rafal tomó asiento al otro lado de la mesa. Ambos intercambiaron una mirada cómplice, tomaron los cubiertos y comenzaron a disfrutar de la cena.

Rafal juró para sus adentros que aquella era, de lejos, la cena más deliciosa que había probado en toda su vida.

Después de cenar, el General Rafal se retiró al estudio y estableció conexión con la computadora óptica de su abuelo.

—Muchacho, ¿qué ocurre? —preguntó el Viejo Rafal, quien se encontraba estudiando un catálogo de botánica—. ¿Por qué me buscas tan tarde?.

—Abuelo, ¿podría pedirte un favor? —dijo Rafal.

—Habla. ¿Tiene que ver con mi nieto político? —El anciano ni siquiera levantó la vista. Sabía perfectamente que, si su nieto, alguien que jamás pedía ayuda, recurría a él, definitivamente era por su preciado Omega.

—Así es, abuelo —respondió Rafal.

—Las vacaciones de Ye Jun están a punto de terminar, pero yo debo permanecer en el Planeta Xue’ai hasta que concluyan las elecciones —explicó—. Durante este tiempo, por favor, ayúdame a cuidarlo.

El Viejo Rafal asintió, comprendiendo la situación. —Lo sé, no te preocupes —dijo—. De todos modos, hace mucho que no veo a ese pequeño y ya lo extrañaba. En cuanto regrese, me mudaré de vuelta a la mansión del general.

—Gracias, abuelo.

—Mocoso insolente, no lo hago por ti —rio el anciano—. Simplemente extraño a mi nieto político y quiero ir a verlo.

—Durante las elecciones pueden ocurrir muchos imprevistos —continuó, adoptando de pronto un tono solemne—. Debes mantenerte firme en tu puesto y manejar adecuadamente los asuntos del Planeta Xue’ai. Sin importar cómo cambie el régimen, el deber de nuestra Familia Rafal jamás debe alterarse.

—Lo entiendo —asintió el general.

—Bien, debo seguir estudiando este catálogo —suspiró el anciano—. Me pregunto cómo estarán cuidando mis flores esos robots.

—Entonces me despido. ¡Descansa temprano, buenas noches, abuelo! —se despidió Rafal.

El Viejo Rafal asintió y apagó el comunicador. ¿Serán imaginaciones mías? —pensó—. Últimamente siento que mi nieto es cada vez más humano..

Tras finalizar la llamada con su abuelo, Rafal se contactó con el director de la academia.

—Director, respecto a la cuestión del Alfa legal de Ye Jun que mencionó anteriormente, me gustaría darle una respuesta definitiva en este momento.

El director asintió apresuradamente. —¿Acaso ya eligió un Alfa legal para Ye Jun? ¿A qué familia pertenece?

—Soy yo.

—¿Qué?

—Digo que el Alfa legal de Ye Jun seré yo, Fanchi Rafal. Por favor, actualice su información personal —ordenó el general con voz tajante—. El próximo semestre no necesitará asistir al encuentro de intercambio intercolegial.

—Además, hasta que él alcance la mayoría de edad, la academia no debe hacer pública esta información —añadió—. No deseo que esto lo afecte de ninguna manera.

Cuando la imagen del General Rafal desapareció de la pantalla, el director seguía con la boca abierta, luciendo completamente desconcertado.

Un momento… ¡Fanchi Rafal es el propio General Rafal!. ¡Con razón dijo que era él!

¡Dios santo! —pensó—. ¿No decían los rumores que el General Rafal era frígido y aborrecía a los Omegas? ¡Y ahora resulta que ha elegido a un Omega, y nada menos que a su propio pupilo!

Aquella era, sin lugar a duda, la noticia más explosiva del año en toda la Estrella Capital.

Ahora que lo pensaba, la forma en que había defendido a Ye Jun durante aquel encuentro intercolegial había sido extraordinariamente protectora. ¿Cómo no me di cuenta en ese momento?

El director comenzó a caminar de un lado a otro por la habitación, intentando digerir la emoción de la noticia. Tenía unas ganas inmensas de contactar de inmediato a la directora de la Academia Ashley, pero no podía. El General Rafal había sido muy claro: prohibido anunciarlo antes de que Ye Jun fuera mayor de edad. ¡Ay, qué suplicio! Cargar en solitario con una primicia tan explosiva era una verdadera tortura para el pobre director.

Al día siguiente, llegó a su oficina y mandó llamar a la profesora Jacqueline. —Abra el expediente estudiantil de Ye Jun y, en la casilla de Alfa legal, escriba “Fanchi Rafal” —le instruyó con un tono sumamente severo—. Además, antes de que comiencen las clases, elabore un nuevo plan de estudios para él. Recuerde que el interesado exige que este asunto se mantenga en absoluta confidencialidad hasta que alcance la mayoría de edad.

La profesora Jacqueline asintió y salió de la oficina. El director se palmeó el pecho, sintiendo un profundo alivio. ¡Qué reconfortante era, por fin, habérselo contado a alguien!.

Mientras se dirigía a la sala de archivos estudiantiles, la profesora Jacqueline reflexionaba. Quién diría que la familia de Ye Jun le asignaría un Alfa legal tan pronto. Al menos eso significaba que no tendría que organizar su asistencia al próximo encuentro intercolegial, reduciendo un poco su carga de trabajo. Ojalá todos los estudiantes dieran tan pocos problemas.

La llegada de la mayoría de edad de los Omegas era siempre la época de mayor tensión para la academia. Cada vez que un estudiante lograba comprometerse con un Alfa, la institución respiraba aliviada. Este año, ella solo esperaba que los veinte Omegas de su clase lograran asegurar un Alfa sin contratiempos antes de alcanzar la edad adulta.

Al abrir el expediente de Ye Jun, la profesora Jacqueline tecleó “Fanchi Rafal” en el campo de Alfa legal y revisó la información por segunda vez.

Fanchi Rafal… ¿Por qué me resulta tan familiar?.

¡¡¡!!!.

Y así, la profesora Jacqueline también comenzó a caminar frenéticamente de un lado a otro por la habitación.

…

Unos días después, Ye Jun regresó a la Estrella Capital. Quien acudió a recibirlo fue el Viejo Rafal.

Ye Jun saltó rápidamente de la cápsula de vuelo y se paró derecho frente a él.

—¡Saludos, general!.

—¿Qué es eso de “general”? Suena demasiado distante —lo regañó suavemente, observando con gran satisfacción cómo Moss traía de vuelta a su nieto político—. Somos familia, llámame abuelo.

—Eso… no me parece muy apropiado —murmuró Ye Jun, incómodo. Sentía que no era correcto, y además, ¡la jerarquía generacional no encajaba!

—Si digo que me llames abuelo, me llamas abuelo. Hace mucho que le delegué el puesto de general a mi nieto, y ahora ese título solo me da dolor de cabeza al escucharlo —rio el anciano con afabilidad.

—Hola, abuelo —concedió Ye Jun. Incapaz de negarse, no tuvo más remedio que seguirle la corriente.

—Así está mejor, buen chico. —El Viejo Rafal le alborotó el cabello a Ye Jun con cariño y luego se giró hacia Moss—. Ya que acompañaste a Ye Jun en su regreso, ¿volverás a la frontera?.

—El Amo me ha prohibido regresar —respondió Moss con tono reverencial—. Me ordenó que permanezca al lado del Pequeño Amo en todo momento.

—Me parece perfecto. —El anciano asintió con aprobación y guio a Ye Jun hacia la sala de estar.

—Pequeño Ye Jun, me mudaré aquí por unos meses —comentó el Viejo Rafal con una sonrisa jovial mientras aceptaba el vaso de agua que el chico le ofrecía y le daba un sorbo—. Vivir solo en el campo resulta demasiado aburrido después de un tiempo.

—Mhm, bienvenido de vuelta, abuelo —respondió.

—Este viejo solo disfruta de pescar, cuidar sus flores y conversar un poco —continuó—. Si necesitas algo, no dudes en decírmelo. Si está dentro de mis posibilidades, tu abuelo te ayudará con gusto.

—No necesito nada, todo aquí está perfecto. —Ye Jun bajó la mirada para acariciar el botón espacial en su muñeca. Era el mismo que Rafal se había empeñado en colocarle antes de que partiera.

Sabía muy bien que Rafal no estaba tranquilo dejándolo solo en la Estrella Capital, y por eso le había confiado su propio mecha. El general seguramente también le había pedido a su abuelo que lo cuidara. Ye Jun se sintió profundamente conmovido.

—Puedo acompañarlo a pescar, a cuidar las flores y a conversar. —Observó al anciano frente a él, notando el innegable parecido que compartía con Rafal, y una cálida sensación lo inundó—. ¿Tiene hambre, abuelo? Iré a preparar la comida.

—Acabas de llegar, deja que los robots se encarguen —lo detuvo rápidamente el anciano.

—No estoy cansado en absoluto, dormí durante todo el trayecto. —Ye Jun rio suavemente. Este regreso no había sido tan emocionante como el anterior; sin la compañía de Rafal, el viaje se había vuelto bastante monótono. Después de charlar un rato con Moss, se había quedado profundamente dormido, por lo que ahora rebosaba de energía.

El Viejo Rafal lo observó desaparecer en dirección a la cocina.

Qué nieto político tan considerado me ha tocado.

Un momento después, Motu también entró a la cocina. Sacó dos pescados y los depositó frente a Moss.

—Ven a quitarles las escamas, esta noche comeremos pescado estofado.

Moss: … (╯‵□′)╯︵┻━┻

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