Es posible que entre a su etapa adulta antes de tiempo

Durante la cena de ese día, Rafal le preguntó a Ye Jun:

—¿Qué tal te has divertido últimamente?

—Muy bien. Moss me llevó a muchos lugares, como a Minsbrook, donde solías estudiar, y también fuimos a ver la nieve en la montaña Aviel —respondió Ye Jun.

—Me parece bien. —Rafal asintió con la cabeza—. Si dice tonterías, no le creas. Su cerebro principal tiene instalados demasiados programas basura y a veces sufre de errores de ejecución.

Ye Jun miró a Moss y asintió con una sonrisa.

Moss, a un lado, se erizó de indignación.

—Amo, me está difamando. ¿Cuándo he sufrido yo de errores de ejecución?

—Entonces, ¿ya desinstalaste todos esos programas inútiles?

—Amo, esos programas son muy útiles, de verdad. ¿No ha notado que Ye Jun se ha vuelto mucho más cercano a usted? Todo eso es porque en estos últimos días no he escatimado esfuerzos en hablarle bien de usted, y lo aprendí todo de esos pequeños programas.

—De acuerdo. Conserva ese programa y borra todo lo demás.

—¡Oiga, amo, no haga eso! Los estuve recopilando durante mucho tiempo. ¿De verdad tiene el corazón para ver cómo todo mi arduo trabajo se va por la borda…?

El general Rafal bloqueó las ondas cerebrales principales de Moss, dejándolo solo lloriqueando y parloteando.

A veces se preguntaba por qué su mecha era tan infantil. Le gustaba espiar y tenía una manía por coleccionar cosas. Que la máquina no creyera que su amo ignoraba cómo aquel día se había escondido a hurtadillas en el botón espacial; simplemente no tuvo tiempo de prestarle atención en ese momento, ni había tenido la oportunidad de ajustarle las cuentas.

—General Rafal, mañana me gustaría ir a la casa de Hill. Hoy me envió un mensaje para avisarme que ya regresaron de su luna de miel y me invitó a visitarlos.

—Ve, pero que Moss te acompañe.

—De acuerdo.

Después de cenar, ambos se dirigieron hacia las habitaciones del segundo piso. Justo cuando estaban por llegar a la puerta de la alcoba de Ye Jun, Rafal se detuvo de repente y se dio la vuelta para mirarlo.

Ye Jun también se detuvo, mirándolo con un poco de sorpresa, sin saber por qué se había frenado.

—Lo siento. He estado demasiado ocupado últimamente y no he tenido tiempo de llevarte a pasear —dijo Rafal, mirándolo a los ojos.

—No pasa nada, sé que tu trabajo es muy exigente. No tienes que preocuparte por mí.

Ye Jun cruzó miradas con él y rápidamente bajó la cabeza; los ojos de Rafal eran tan profundos que le provocaban un inexplicable nerviosismo.

—Ye Jun. —Rafal dio un paso hacia adelante.

Él, preso del pánico, retrocedió hasta quedar apoyado contra la pared, sintiendo cómo el latido de su corazón se aceleraba sin razón aparente.

Aprovechando el movimiento, Rafal avanzó y lo acorraló contra el muro.

Una fragancia embriagadora emanó del cuerpo del Alfa y se coló en sus fosas nasales, haciendo que su mente comenzara a nublarse.

—Mírame —murmuró Rafal en voz baja.

Ye Jun levantó la vista involuntariamente para encontrarse con los ojos del otro; eran de un tono oscuro, como el mar en plena noche.

Rafal le levantó el mentón, acariciándolo suavemente con dos dedos.

Sus dedos eran largos y fuertes, con finas callosidades. Al frotar con esa ligera aspereza la delicada barbilla de Ye Jun, sintió cómo el pequeño Omega entre sus brazos se estremecía levemente.

Inclinó la cabeza y besó los labios que el chico había entreabierto por la sorpresa, dejando que un sabor dulce inundara su boca al instante.

Con una mano sostuvo la nuca de Ye Jun y con la otra agarró su delgada cintura, presionándolo con fuerza contra la pared usando su fornido pecho.

En el instante en que fue besado, Ye Jun sintió que su cabeza estallaba. Las intensas feromonas que desprendía Rafal lo envolvieron por completo y sin escapatoria.

Con la boca abierta, soportó pasivamente los embates del otro dentro de su cavidad bucal. Sintió cómo succionaban sus labios, cómo provocaban a su lengua una y otra vez; cada rincón de su boca estaba siendo devorado sin piedad.

Podía escuchar el sonido húmedo, el eco de la saliva de ambos mezclándose apasionadamente.

El pecho duro de Rafal se apretaba firmemente contra él, y la mano que sostenía su cintura era lo único que evitaba que se deslizara por la pared al sentir que las piernas le fallaban.

Sentía como si una mano le estuviera estrujando el corazón, el cual latía salvajemente contra su pecho; parecía que, si se relajaba tan solo un segundo, se le saldría por la boca.

—Mhm… Ah…

Ye Jun soltó un gemido inaguantable. Rafal hizo una pausa por un instante y luego lanzó una ofensiva aún más feroz sobre el Omega debajo de él.

Con sus defensas completamente derribadas, a Ye Jun solo le quedó la capacidad de respirar a duras penas. Tenía la cabeza pegada a la enorme palma de Rafal, el cuello estirado hacia atrás y los ojos medio cerrados mientras jadeaba violentamente. Un hilo de saliva transparente comenzó a escurrir lentamente por la comisura de sus labios entrelazados.

No supo cuánto tiempo pasó antes de que Rafal finalmente lo soltara, hundiendo el rostro en el delicado hueco del cuello del chico para aspirar profundamente aquella tentadora fragancia.

Su tan preciado autocontrol era completamente inútil frente a su pequeño Omega; un simple beso había bastado para hacerle perder los estribos casi por completo.

Ye Jun mantenía los ojos cerrados, respirando grandes bocanadas de aire. Fue hasta ese momento que sintió cómo su cuerpo recuperaba la sensibilidad poco a poco.

Había vuelto a quedar aturdido por un beso. Lleno de vergüenza e indignación, intentó empujar el pesado cuerpo que tenía encima, pero sus brazos y piernas carecían de fuerza. No tuvo más remedio que rendirse y dejarse abrazar con fuerza.

—Mi pequeño Omega, crece pronto —murmuró Rafal en su oído con voz ronca.

¿Que crezca pronto? ¡Que crezca pronto!

Ye Jun volvió a la realidad y una gran parte de su mejilla se tiñó de rojo al instante.

Al día siguiente, Ye Jun se dirigió a la casa de Hill. Él y Phillip estaban parados en la puerta. Cuando Phillip vio a Ye Jun salir de la cabina de Moss, sus ojos brillaron y sonrió con complicidad.

—¡Ye Jun! —Hill se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza.

Ye Jun le devolvió el abrazo con una sonrisa.

—Te extrañé mucho —dijo Hill, emocionado.

—Yo también te extrañé.

Phillip miró a su Omega con resignación. Por un leve descuido no logró sujetarlo a tiempo y terminó lanzándose encima del invitado. Frunció un poco los labios y separó a los dos que seguían abrazados.

—El viaje de Ye Jun hasta aquí fue agotador. Entremos a hablar.

—¡Es cierto! Ye, ven rápido conmigo —dijo Hill, tomando a Ye Jun de la mano y llevándolo hacia adentro.

Phillip negó con la cabeza y los siguió.

—¿Esta es su nueva casa? ¡Es hermosa! —Ye Jun observó a su alrededor y suspiró con sincera admiración.

El nuevo hogar de Hill y Phillip estaba ubicado en un vecindario elegante; era una pequeña casa de tres pisos con un amplio jardín verde. El patio estaba rodeado por una valla de madera que llegaba a la altura de la cintura. Al entrar, el diseño demostró ser práctico e ingenioso. Los muebles tenían tonos claros y la decoración general irradiaba una gran calidez, lo que no dejaba de ganarse los elogios de Ye Jun.

—Está muy bien, ¿verdad? Phillip la diseñó él mismo; incluso construyó esta casa con sus propias manos. —El rostro de Hill rebosaba con una sonrisa de felicidad.

Phillip sirvió dos vasos de bebida y los colocó frente a ellos.

—Ustedes quédense conversando, yo regresaré a mi estudio. —Al decir esto, le alborotó el cabello a Hill.

—De acuerdo. —Hill levantó la cabeza y le regaló una sonrisa dulce.

Ye Jun tomó su vaso y bebió un sorbo lentamente. Al observar la interacción de los dos, pensó que realmente eran una pareja envidiable.

Hill observó la espalda de Phillip hasta que desapareció por las escaleras antes de darse la vuelta. Al notar que Ye Jun lo miraba con una sonrisa, se sintió avergonzado al instante.

—Bueno, ya no hablemos de él —dijo Hill—. ¿Está rica la bebida? Phillip la preparó.

Ye Jun por fin se echó a reír; Hill en verdad no podía pronunciar tres oraciones sin mencionar a Phillip.

—Está muy rica, tu Phillip es simplemente increíble —dijo Ye Jun.

—¡Qué pesado! —Hill, dándose cuenta de la burla, tiró de la manga de Ye Jun y se abalanzó sobre él.

Ambos bromearon y rieron por un rato.

—Hablando en serio, Phillip es muy bueno contigo —lo elogió Ye Jun.

—Sí, yo tampoco me esperaba que fuera tan amable conmigo —respondió Hill—. Siempre creí que mi amor por él no era correspondido; jamás imaginé que yo también le gustaba desde hacía tantos años. Cuando la persona que amas casualmente te ama de vuelta… ¿sabes qué se siente?

—Sí, lo sé.

—No te creo. La última vez me dijiste que los Alfas no te interesaban en absoluto. —Hill torció la boca, asumiendo que Ye Jun solo le estaba siguiendo la corriente.

Ye Jun no se molestó en explicar, tan solo sonrió levemente. Claro que conozco ese sentimiento, Hill. En el momento en que descubres los verdaderos sentimientos del otro, el corazón se llena de sorpresas y felicidad.

Ser correspondido por la persona que te gusta… Tal vez sea eso lo más feliz del mundo.

Apenas regresó a su estudio, Phillip abrió la lista de contactos en su terminal óptica.

—¿Qué sucede? —El general Rafal estaba trabajando en su oficina, con una expresión severa en el rostro.

—¿Ya lo conseguiste? —preguntó Phillip.

Rafal le lanzó una mirada y continuó con su trabajo.

—Deja de fingir. Me di cuenta en el instante en que vi a Ye Jun. Tenía tu olor impregnado y, por si fuera poco, hasta enviaste a Moss con él. —Phillip lo observó con burla—. No me esperaba que fueras tan rápido.

—Eso no es asunto tuyo. —Rafal frunció el ceño.

—Tal vez no sea de mi incumbencia, pero al mismo tiempo sí lo es. —Phillip arrastró las palabras con lentitud—. No olvides que soy el médico de Ye Jun. Nadie conoce su perfil genético mejor que yo.

Tal como lo esperaba, al oír esto, Rafal por fin levantó la vista y lo miró con seriedad.

—¿Qué quieres decir?

—Vamos, general Rafal. Cuando le pide algo a los demás, por favor, no ponga esa expresión.

—Habla —ordenó Rafal con voz gélida; sacó un documento de entre una pila de papeles y añadió—: La solicitud de fondos para la expansión de tu centro sigue aquí, en mis manos.

¡Chantaje! ¡Un descarado chantaje!

Cediendo ante la despótica presión de Rafal, a Phillip no le quedó más remedio que soltar de golpe todo lo que tenía que decir.

—En general, durante los tres meses previos a la etapa adulta, el desarrollo fisiológico y psicológico de un Omega comienza. Todo el proceso dura aproximadamente medio año, lo que significa que, en los tres meses posteriores a alcanzar su adultez, las glándulas de la gran mayoría maduran y sus niveles hormonales llegan al estándar normal, lo cual también marca la llegada del primer período de celo.

—Sin embargo, hay algunos casos raros de Omegas que tienen un desarrollo prematuro. Tanto su adultez como su primer celo se adelantan. Aunque estos casos son muy escasos, ocurren todos los años. Hicimos una investigación sobre estas excepciones y descubrimos un fenómeno muy interesante.

Al llegar a este punto, Phillip hizo una pausa, tratando de mantener el suspenso, pero al ver que la expresión de Rafal no cambiaba en lo más mínimo, suspiró y continuó hablando.

—Estos Omegas de maduración temprana poseen un Gen F que es más largo de lo habitual.

Phillip notó con satisfacción cómo las pupilas del otro se contraían de golpe.

—Aunque la investigación sobre el Gen F todavía no es lo suficientemente exhaustiva, puedo plantear una hipótesis: la longitud del Gen F no solo determina la capacidad de fertilidad, sino también el tiempo en que ingresan a su etapa adulta.

—No solo eso; el Gen F también podría estar relacionado con la duración del período de celo. Es decir, los Omegas que poseen un Gen F más largo también sufren de un celo mucho más prolongado.

—Tengo entendido que allá en el planeta capital, Ye Jun dejó tirado a un Alfa noble que intentó coquetear con él, golpeándolo hasta dejarlo incapaz de levantarse. Es evidente que su constitución física no es tan débil como la de un Omega común. Me puse a pensar que quizás deberías intensificar tu entrenamiento; no vaya a ser que cuando llegue el momento, no logres satisfacerlo.

La expresión del general Rafal había sido normal hasta el momento, pero entonces su rostro se transformó por completo. Clavó una mirada feroz en Phillip y escupió una sola palabra:

—¡Lárgate!

Phillip estalló en carcajadas. ¡Al fin había logrado arrinconar a Rafal! Estaba de un humor excelente.

No obstante, su risa se borró muy pronto al escuchar lo que el otro tenía que decir.

—Te veo pálido y con cara de haberte excedido; regresar en ese estado por una simple luna de miel solo demuestra que tu cuerpo es demasiado frágil.

Phillip: …

No me mires con esa cara, un día tú también estarás en la misma situación. Las personas sin experiencia no tenían idea de lo aterrador que podía ser un Omega en su período de celo. Aunque él era médico y se había preparado mentalmente con anticipación, igual había terminado tan agotado que casi no lo soportaba.

—Según tus predicciones, ¿cuánto tiempo antes se adelantará su etapa adulta? —preguntó Rafal con expresión solemne.

Phillip se tomó un momento para pensar.

—Ese tipo de casos médicos son muy poco comunes y parece no haber una correlación lineal. No puedo darte un tiempo exacto, solo un estimado. Calculo que Ye Jun alcanzará la adultez entre uno y dos meses antes.

Rafal asintió. Afortunadamente, tendría tiempo suficiente para regresar y estar presente. Jamás permitiría que ocurriera ningún accidente mientras su Omega pasaba por la transición hacia su etapa adulta.

—Gracias, Phillip —dijo Rafal con seriedad.

—Ajá, de nada, solo estoy cumpliendo con mis deberes como médico. —Phillip agitó la mano para restarle importancia—. A mi Hill le agrada demasiado Ye Jun. Cuando estuvimos en el planeta Hailan, cada vez que veía algo divertido insistía en llevarle una copia, y apenas volvimos arregló para reunirse con él. Como Alfa, me resulta bastante molesto.

—Lo entiendo. —Rafal asintió—. No se quedará mucho tiempo. Las clases empezarán muy pronto, así que no volverá a molestarlos.

Phillip asintió y los dos intercambiaron una mirada comprensiva; al parecer, ambos compartían la clara necesidad de mantener muy vigilados a sus respectivos Omegas.

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