Li Chengxiu le dirigió una mirada fugaz con los labios apretados y trató de rodear el automóvil.
Shao Qun reaccionó de inmediato: abrió la puerta, saltó del auto y lo agarró del brazo.
Como un cachorro asustado, Li Chengxiu soltó un grito ahogado y trató de empujarlo con la mano libre.
Shao Qun no cedió un milímetro.
—Li Chengxiu, sube al auto.
—No, suéltame.
Lleno de resentimiento, Shao Qun lo obligó a girarse hacia él.
—¡Li Chengxiu! Sube, tenemos que hablar.
Li Chengxiu se debatía con desesperación.
—No hay nada de qué hablar. No quiero.
Shao Qun lo agarró por la cintura, como si fuera un muñeco de trapo, con la intención de meterlo a la fuerza en el coche.
A pesar de ser tarde en la noche, las calles no estaban desiertas. Desde la acera de enfrente, un par de curiosos observaban la escena.
El rostro de Li Chengxiu enrojeció por completo. Pateó y forcejeó, pero Shao Qun se negaba a soltarlo.
La desesperación se apoderó de Li Chengxiu. Todos los recuerdos se agolparon de golpe en su cabeza: la ternura de Shao Qun, su crueldad y, sobre todo, la traición y el daño que le había causado. Un impulso abrumador de arrancarse el corazón para dejar de sentir aquel dolor insoportable le zumbó en los oídos. Se liberó con un tirón y le cruzó la cara a Shao Qun de una bofetada.
El sonido del golpe los dejó a ambos paralizados.
El rostro de Shao Qun se desfiguró, y las venas de su cuello resaltaron.
—¡Maldita sea! ¡¿Cómo te atreves a golpearme?!
Li Chengxiu lo miró, aterrorizado.
Las peleas nunca debían llegar a la cara. Siendo fiel a su temperamento, excepto su propio padre, cualquiera que se atreviera a tocarle el rostro terminaría lisiado de por vida, o él dejaría de llamarse Shao. Sin embargo, a pesar de que sus nudillos crujían de tanto apretarlos, no fue capaz de devolver el golpe.
Maldito mariquita, no voy a rebajarme a tu nivel, pensó Shao Qun con furia.
Shao Qun empujó y arrastró a Li Chengxiu hasta meterlo en el asiento trasero, y se metió con él.
Li Chengxiu, aterrado, se encogió contra la puerta opuesta. Pero el espacio era reducido y, con un simple movimiento, Shao Qun lo acorraló entre su cuerpo y la portezuela.
Con la voz quebrada por el llanto, Li Chengxiu suplicó:
—Déjame bajar.
Shao Qun le agarró la barbilla, obligándolo a mirarlo.
—¡Ni que te fuera a comer! ¡Háblame bien!
Li Chengxiu lo miró con pánico.
La evidente expresión de rechazo encendió una llamarada de ira en la mente de Shao Qun. Volvió la cabeza, respiró hondo un par de veces y, tras estabilizar su tono, rodeó la cintura de Li Chengxiu con autoridad y se acercó a él.
—Li Chengxiu, escúchame. De verdad… no quiero seguir peleando contigo. Dime, ¿qué es lo que quieres? Haré todo lo que me pidas, ¿de acuerdo? —El tono de Shao Qun adquirió un inusual matiz conciliador, mientras escrutaba el rostro de Li Chengxiu.
Pálido, Li Chengxiu murmuró:
—Terminamos…
Shao Qun estalló:
—¡Terminar un carajo! ¿Acaso yo acepté? ¿Crees que puedes irte y ya? ¿Qué clase de estupidez es esa?
—Te vas a casar.
—¿Por qué eres tan obtuso? Si no me caso con ella, ¿acaso puedo casarme contigo? Créeme que me encantaría, pero, ¿se puede? ¿Te atreverías?
Li Chengxiu tembló.
—Por eso… terminemos.
Shao Qun le apretó la barbilla y siseó:
—Li Chengxiu, ¿en qué te he fallado para que lleves un mes armando este escándalo por una nimiedad? ¿Qué importa si me caso? ¿Te eché a la calle? Te prometí que todo seguiría igual. Si te portas bien y te quedas a mi lado, no te faltará de nada. ¿Por qué haces un drama de algo tan minúsculo? ¿Por qué no te pones en mis zapatos? Tarde o temprano me casaría; a menos que puedas darme un hijo. ¿Te parece realista? Lo único que te faltará es un título, por lo demás, lo tendrás todo. Siendo hombre, ¿por qué te obsesionas con esas cosas?
Los ojos de Li Chengxiu se enrojecieron.
¿Que por qué se obsesionaba? Porque lo amaba de verdad. Porque se iba a casar con otra persona y esperaba que él actuara como si nada ocurriera y siguiera siendo su amante. ¿Acaso no tenía derecho a ofenderse?
Con lágrimas en los ojos, le devolvió la pregunta:
—¿Entonces… yo también… puedo casarme?
Shao Qun parpadeó, desconcertado por un segundo, antes de enfurecerse.
—¡Ni lo sueñes! ¡Si se te ocurre siquiera intentarlo, te rompo las piernas!
Li Chengxiu sollozó:
—Tú puedes casarte… yo no. ¿Por qué?
Shao Qun se quedó mudo.
Al contemplar aquel rostro que alguna vez amó con tanta devoción, el corazón le dolió a Li Chengxiu como nunca.
—¿Qué significas para mí? Y yo… ¿qué significo para ti? Shao Qun, no tienes corazón. No me obligues. Yo… no quiero volver a verte.
Las sienes de Shao Qun palpitaban y le costaba respirar.
Los constantes rechazos de Li Chengxiu estaban agotando su paciencia. Deseaba poder atarlo y llevárselo a casa a la fuerza. Jamás dejaría que Li Chengxiu estuviera con nadie más.
Sin pensarlo dos veces, le selló los labios con los suyos de forma brusca.
La fuerza del beso hizo que los dientes de Shao Qun chocaran contra los labios de Li Chengxiu, causándole un dolor que lo mareó.
Shao Qun le inmovilizó la cabeza y succionó aquellos labios suaves con los que había soñado durante todo un mes. Forzó la entrada de su boca, coló su lengua y la agitó en su interior, explorándolo a su antojo.
Hacía tanto que anhelaba aquel sabor fresco y sutil que, por más mariscos exóticos que probaran sus labios, todo lo demás le sabía a poco. Sentía que se estaba volviendo loco. Solo quería desnudarlo allí mismo y hacerle el amor sin contemplaciones.
Mientras aplastaba a Li Chengxiu contra la portezuela con sus besos voraces, deslizó la mano bajo su ropa, acariciando su piel suave con codicia.
Li Chengxiu tiritaba de frío. No solo por el clima, sino por el hielo que sentía en el alma.
Al no poder apartarlo, se resignó a que lo besara hasta hartarse y lo soltara.
Con la mirada baja y la cabeza dándole vueltas por la falta de oxígeno, Li Chengxiu se dejó caer sobre el asiento, agotado.
Shao Qun, jadeando, le acarició la mejilla y susurró:
—Bebé, vamos a casa. Te prometo que te trataré como te mereces. De verdad te extrañé muchísimo todos estos días…
El cuerpo de Li Chengxiu tembló levemente. Mantuvo su mano firme contra el pecho de Shao Qun y, con voz ronca, dijo:
—Terminamos. Suéltame.
La mano de Shao Qun se paralizó sobre su rostro. Sintió como si le hubieran propinado un mazazo en la frente, dejándolo aturdido.
Siseó con odio:
—¡¿Qué diablos quieres?!
La voz de Li Chengxiu era un susurro roto, pero firme:
—Suéltame.
El rostro de Shao Qun enrojeció de rabia. Justo cuando iba a replicar, unos golpes secos en el techo del vehículo lo interrumpieron.
Se giró y vio a un policía de tránsito junto a la ventanilla.
Soltando un insulto, Shao Qun bajó el cristal.
—Señor, no puede estacionar aquí. Baje del vehículo y muéstreme su licencia de conducir.
Shao Qun masculló, impaciente:
—No tengo tiempo para estupideces.
El oficial endureció el gesto.
—Señor, baje del vehículo de inmediato y muéstreme su licencia.
Indignado, Shao Qun abrió la puerta y rodeó el auto para ir a los asientos delanteros a buscar su documentación.
Li Chengxiu aprovechó la oportunidad, saltó del coche y echó a correr hacia el otro lado de la calle sin mirar atrás.
—¡Li Chengxiu! —gritó Shao Qun, desesperado.
Pero el policía le impedía el paso, y para cuando quiso reaccionar, Li Chengxiu ya había subido a un autobús.
Shao Qun memorizó la matrícula, le arrojó la licencia al oficial y arrancó para perseguirlo.
Mientras contemplaba el paisaje familiar que desfilaba por la ventanilla, Li Chengxiu se pellizcaba el brazo para ahogar las ganas de llorar.
Llevaba años en aquella ciudad y, al reflexionar, se daba cuenta de que no poseía absolutamente nada.
Ni un hogar al cual pertenecer, ni alguien que se preocupara por él. Incluso su prometedor y seguro empleo se había esfumado por unas pocas palabras de Shao Qun.
Se había sumergido en una relación sin futuro, solo para descubrir que él era el único que creía que se trataba de amor. Al final, solo le quedaba el dolor y la tristeza.
El próximo año cumpliría treinta. ¿Estaba condenado a vivir el resto de sus días en soledad?
¿Acaso existía alguien en quien pudiera confiar, alguien con quien pudiera apoyarse mutuamente? Después de lo de Shao Qun, ya no se atrevía a creer que hubiera alguien dispuesto a compartir su vida con él.
Podía ser un inútil y un cobarde, pero su sinceridad era genuina y tenía su propia dignidad. ¿Por qué Shao Qun se había ensañado así con él?
Por más humilde que fuera, aspiraba a un amor igualitario. Si no podía tenerlo, prefería renunciar antes que convertirse en el intruso en la relación de alguien más.
Las acciones de Shao Qun no solo le rompían el corazón, sino que le congelaban el alma. Shao Qun jamás llegaría a comprenderlo, ni le importaba hacerlo, mucho menos le otorgaría una pizca de respeto. La única salida era alejarse lo más posible, evitando cualquier roce con todo lo que tuviera que ver con él.
Apenas abrió la puerta de su habitación, Taza de Té escuchó el ruido y corrió a frotarse contra su pierna.
El ático carecía de calefacción y el frío calaba los huesos. La camita de Taza de Té estaba forrada con mantas gruesas, y el pequeño animal rara vez asomaba la nariz.
Li Chengxiu encendió la luz, dejó su mochila, levantó a Taza de Té y le frotó la mejilla con suavidad contra su cuerpecito cálido.
—¿Tienes hambre? —le preguntó, sacando la comida de debajo de la cama. Se sentó y comenzó a alimentarlo grano por grano.
—Hoy… traje lana de muy buena calidad. Te tejeré… una ropita. —Li Chengxiu parpadeó varias veces para contener las lágrimas.
Taza de Té le lamía los dedos con su lengua diminuta.
De repente, un alboroto provino de la planta baja. Acto seguido, escuchó a la casera gritando en cantonés:
—¡Xiao Li, te buscan!
Li Chengxiu dejó a Taza de Té en la cama, abrió la puerta y respondió:
—¡Ya voy! Pensó que sería Adrian. Era el único que conocía su nueva dirección, pues Li Shuo, a pesar de haberlo llevado varias veces, solo lo dejaba en la entrada del complejo.
Unos pasos pesados comenzaron a subir las escaleras.
Cada pisada resonaba en los oídos de Li Chengxiu.
Aquellos pasos no eran los de Adrian, eran…
El rostro de Shao Qun, ensombrecido por la rabia, apareció en el rellano. Con las manos en los bolsillos y el cuello de su abrigo oscuro alzado, lo fulminó con una mirada letal. Avanzaba a paso lento, pero cada pisada se clavaba como un puñal en el corazón de Li Chengxiu.
Un temblor lo sacudió y cerró la puerta de un golpe.
Los pasos se detuvieron frente a la habitación. La voz de Shao Qun resonó, lúgubre:
—Li Chengxiu, ¿crees que esta puerta de mierda soportará una sola patada mía?
Con los dientes apretados, Li Chengxiu abrió.
Shao Qun inspeccionó el «cuarto», que no era más grande que la palma de su mano.
Apenas cabían una cama, una mesa y un armario de tela destartalado. La cama hacía las veces de silla.
Estando solo en el umbral, el aire helado ya le cortaba la respiración. No podía concebir cómo Li Chengxiu lograba sobrevivir en un sitio así.
Tras un instante de vacilación, entró. El techo del ático estaba casi a su altura; con solo enderezarse un poco, su cabello rozaba el cielo raso.
Shao Qun estalló en furia.
—¡Prefieres vivir en este chiquero antes que volver a casa conmigo! ¡Estás demente!
Li Chengxiu dio un paso atrás.
—Esa no es mi casa.
Shao Qun acortó la distancia, envolviendo a Li Chengxiu con su sombra imponente. —Me arrepiento de haber perdido mi tiempo contigo. De haber sabido, no me habría molestado en hablar. Tienes dos opciones: o empacas tus cosas y vienes conmigo, o te llevo yo mismo. Y escúchame bien: yo siempre cumplo lo que digo. ¿Vas a salir por tu propio pie o prefieres que te saque a rastras?
Li Chengxiu lo miró, atónito. Sus ojos vagaron por la habitación minúscula y se detuvieron en la figura amenazante de Shao Qun.
Shao Qun asestó un golpe al endeble armario.
—Recoge tus cosas.
Li Chengxiu negó con la cabeza.
—No importa. En casa hay de todo. —Shao Qun lo agarró por la muñeca—. Vámonos.
—¡No! Estás loco… —gritó Li Chengxiu.
Shao Qun lo levantó en vilo, rodeando su cintura.
—¡Cállate!
—¡Shao Qun! ¡Suéltame, suéltame! —exclamó Li Chengxiu.
—¡No debí haber malgastado saliva contigo! Escúchame bien: soy yo el único que decide cuándo se terminan las cosas. ¡Ni en tus sueños me dejarás!
Li Chengxiu volteó la cabeza y vio a Taza de Té ladrando asustada. Con los ojos llenos de lágrimas, gritó: —¡Tacita! ¡Tacita!
Shao Qun se detuvo al reparar en la diminuta criatura, que no se atrevía a bajar de la cama. Justo cuando iba a recogerla, el teléfono de Li Chengxiu, que reposaba sobre la mesa, comenzó a sonar de repente.
Li Chengxiu intentó tomarlo instintivamente, pero Shao Qun fue más rápido. Lo soltó de golpe y arrebató el aparato, frunciendo el ceño al mirar la pantalla.
El teléfono de Li Chengxiu no debería recibir llamadas de nadie más que él, y mucho menos a la medianoche.
Al ver el nombre «Hermano Li» en la pantalla, un ligero temblor le recorrió la mano a Shao Qun. Apretó el botón de respuesta con rigidez.
La voz suave y apacible de Li Shuo llenó el minúsculo ático.
—Chengxiu, ¿ya saliste de trabajar? ¿Llegaste a casa?
La sangre se le subió a la cabeza a Shao Qun, nublándole la vista. La furia y los celos se arremolinaron en su pecho, desbordando los límites del simple enojo. Los nudillos le crujieron mientras fijaba una mirada glacial en Li Chengxiu, como si quisiera perforarle la carne.
Li Chengxiu retrocedió, aterrado por el aura asesina que emanaba de Shao Qun. Su corazón no dejaba de latir desbocado.
Al no recibir respuesta, Li Shuo preguntó, extrañado:
—¿Chengxiu?
Shao Qun soltó una carcajada sarcástica y habló con lentitud pausada.
—Sí, ya salió de trabajar y ya llegó a casa. Y en este preciso instante, tiene el trasero levantado mientras me lo follo. ¿Quieres escuchar?
—¡Hermano Li…! —gritó Li Chengxiu, espantado.
Shao Qun cortó la llamada, arrojó el vetusto teléfono al suelo y lo hizo añicos a pisotones.
Li Chengxiu lo miró con auténtico terror.
Jamás había presenciado una faceta tan aterradora de Shao Qun.
Shao Qun se llevó la mano al cuello de su abrigo y comenzó a desabotonarlo con lentitud. Su voz era helada:
—Ahora lo entiendo todo. Con razón te fuiste tan rápido, ya tenías a otro. Pero parece que esta zorrita no consiguió un buen precio, si es que tiene que vivir en este basurero dando lástima. ¿O acaso te estás haciendo el difícil para sacar más provecho? ¿Eh?
Sin escapatoria posible, Li Chengxiu retrocedió hasta caer sentado sobre la cama.
La imponente figura de Shao Qun se cernía sobre él, envolviéndolo como en una pesadilla de la que no podía despertar.
***
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