Los Alpes y el deslizamiento de lodo
Resultaba que esta mujer llamada Annie era la asistente personal asignada a Winston por la escudería Ferrari.
—Ah… qué suerte… —Hunter envidiaba profundamente a Winston.
Él también quería tener un asistente personal.
Cuando el coche se detuvo frente a su edificio de apartamentos, Hunter de repente se dio cuenta de algo: parecía que en ningún momento había mencionado dónde vivía. ¿Cómo lo sabía Winston?
—Nos vemos en Montreal —dijo Winston.
Era claramente la misma voz gélida que usaba con los medios de comunicación, pero a los oídos de Hunter sonaba distinta.
—De acuerdo, buenas noches.
Hunter subió las escaleras.
¿Montreal? Para entonces, Winston estaría volando sobre la pista, mientras él solo podría mirar…
De pronto, sintió un profundo arrepentimiento. ¿Por qué no pudo tener un mejor desempeño en la carrera anterior?
La asistente, Annie, conducía mientras observaba la expresión de Winston por el espejo retrovisor.
Su rostro era ligeramente frío, incapaz de revelar alegría o enojo. Aunque estaban sentados en el mismo coche, había una distancia insuperable entre ellos.
Evan Hunter… ¿No era el piloto novato que acababa de entrar a la F1 este año? ¿Consiguió algún punto en las tres primeras carreras? ¿Cómo demonios conoció a Winston?
Que Winston la llamara para recogerlos significaba que, en ese momento, solo tenían ese auto.
Sin embargo, por lo que ella sabía, Winston nunca había dejado que nadie subiera a su coche. Ni siquiera llevaba acompañante femenina a las cenas de gala… Era tan solitario que hacía dudar si padecía autismo.
—¿Acaso te agrada ese tal Evan Hunter? —Annie se arrepintió un poco después de preguntar.
El director de la escudería que la contrató le advirtió una vez que nunca debía entrometerse en la vida personal de Winston.
Pero, según sus observaciones durante más de un año, Winston simplemente no tenía una vida personal. Ni hablar de los constantes vuelos para competir durante los Grandes Premios; incluso en los descansos de temporada, su rutina era extremadamente estricta, como si no necesitara vida social.
—Mm —respondió Winston en voz baja.
Annie hizo que el coche trazara una curva en forma de S.
¿Acaso Winston acababa de decir mm?
¿Ese mm significaba que estaba de acuerdo con sus palabras?
¿Acaso sentía simpatía por ese joven llamado Evan Hunter?
¡Por otro lado, al volver a su apartamento, Hunter estaba eufórico!
¡Quién lo creería! ¡Van Winston ahora era su amigo!
Corrió en círculos por la habitación, repasando mentalmente todo lo que había sucedido desde la primera vez que cruzó palabras con Winston hasta esa misma noche.
Luego… inclinó la cabeza, un poco confundido…
¿Por qué Winston se había fijado en él? Y todas esas cosas que le dijo, como quiero cogerte o si son los calzoncillos que usaste, pagaría diez millones de dólares… Aunque su expresión seguía siendo la misma de siempre, ¡era completamente distinto a la persona que salía en televisión y a la que los demás describían!
El fisicoculturista de la habitación de al lado estaba otra vez intimando con su mujer.
Hunter tuvo el impulso de cambiar su cama de posición… No, ¡lo que tenía que hacer era buscarse una novia para revolcarse entre las sábanas día y noche y ver quién no dejaba dormir a quién!
Bueno… Ya que no podía dormir, iba a molestar a alguien más.
Hunter marcó el número de su compañero de secundaria y buen amigo, Blue.
—Aló… hola, soy Blue… —Blue parecía haberse acostado ya; su voz sonaba perezosa.
Pero Hunter no sintió ni una pizca de culpa. Arruinarle el sueño a los demás era su pasatiempo favorito.
—¡Oye, Blue, tengo algo que contarte!
—… Hunter… ¿Estás en el extranjero? ¿Por qué me llamas a esta hora?
—Estoy en Nueva York.
—¡Maldición! Si estás en Nueva York, ¿no sabes qué hora es? ¡Habla ya, qué demonios quieres! ¿No me digas que planeas retirarte de la F1? No importa, ¡también puedes venir a mi academia de baile urbano!
—Aún no planeo retirarme… Solo quería decirte algo… Me topé con un piloto famosísimo en el baño durante el Gran Premio de España.
—¿Ah, sí? ¿Y luego qué? —La voz de Blue sonaba totalmente desinteresada.
—Cuando salía del baño, me dijo que tenía la bragueta abierta y me la subió él mismo. —Hunter omitió automáticamente la forma en que atacó a Maddie con un globo de agua.
—¿Eh? ¿Te subió la cremallera? ¿Qué estaban haciendo? —Blue pareció incorporarse, y el sueño desapareció de su voz.
—Nada en absoluto, solo pronunció mi nombre.
—¿O sea que me despertaste solo para contarme esto? —Blue tuvo ganas de romperle el teléfono en la cara a Hunter.
—Luego, cuando comprábamos en el supermercado, sobregiré mi tarjeta de crédito. Él pagó la cuenta y me aconsejó no comprar calzoncillos de supermercado, porque la calidad de la tela es mala. —Hunter omitió automáticamente la diferencia entre las tallas M y L.
—Eso está muy bien. Aunque no se conocen mucho, seguramente sabe que eres piloto; que te pague una cuenta es comprensible. ¿Y después?
—Después… nos cruzamos en una cena benéfica y gastó diez mil dólares para comprar mi gorra de béisbol.
—Vaya… te dio mucha importancia… Además, seguro que gana más dinero que tú.
—Claro que gana más dinero que yo. ¿Pero sabes qué más dijo? Dijo que si fueran los calzoncillos que yo llevaba puestos, incluso pagaría diez millones de dólares. ¿No te parece extraño?
—Si no son cercanos, sí es muy raro. Claro que, si algún día me hago multimillonario, también usaría la misma broma para burlarme de ti, ¡jajaja!
—De camino a casa, mi Jeep se averió.
—¡Te dije hace tiempo que cambiaras ese cacharro! ¡Tarde o temprano te iba a dejar tirado a medio camino!
—Y entonces volví a topármelo. Me llevó a la pista de pruebas de Ferrari y hasta dejó que le reventara el motor a su deportivo…
—¡Mierda! ¿Qué deportivo era?
—Un Ferrari, por supuesto…
—¿Y tienes que pagarlo?
—No.
—¡Qué tipo tan generoso! ¿Tuviste suerte de perro o qué?
—…¿Así que solo fue suerte? Le pregunté por qué era tan… tan bueno conmigo.
—¿Y por qué? —Blue también sintió curiosidad.
—Me dio tres razones. La primera es que algún día me convertiré en un piloto de primera como él, y la segunda es que quiere ligar conmigo…
—¡Jajajaja! Después de tanto misterio, ¡resulta que le gustas a otro hombre! ¡Cuídate la espalda!
—Entonces… tú también crees que tiene esas intenciones conmigo, ¿verdad? —Hunter se puso nervioso. Al recordar las otras cosas que Winston le había dicho, ¿de verdad tenía un interés oculto en él?
—¿No dijiste que había una tercera razón? ¿Cuál es la que falta?
—Quiere ser mi amigo…
—¡Jajajaja! ¡Los métodos de este tipo para hacer amigos están llenos de altibajos y son verdaderamente originales! Seguro que hizo temblar a tu pobre corazoncito, ¿no?
—¿Quieres decir que en verdad busca ser mi amigo?
—¿Y qué más va a ser? ¿Acaso crees que de verdad quiere cogerte? A ver, eres lindo, pero no eres una belleza inalcanzable. ¡Y tu personalidad es mucho peor! Ser tu amigo ya es bastante mala suerte; si se revolcara contigo, ¡su mente colapsaría!
—¡Oye! ¿Se supone que eres mi hermano o no?
—¡Claro! Justamente porque soy tu hermano te digo la verdad… Aunque espera, con su actitud, ¡realmente da la impresión de que te está cortejando!
La voz de Blue destilaba malicia y regocijo por su desgracia, pero Hunter presintió el peligro.
—Entonces… en el futuro tendré que buscar la manera de evitarlo… —Hunter se rascó la cabeza.
No tenía amigos en la Fórmula 1. Ahora que por fin alguien tomaba la iniciativa de acercarse a él, a Hunter en verdad le dolía perderlo.
—¿Quién es ese tipo? —preguntó Blue.
—Van Winston… —Hunter estaba inmerso en sus pensamientos y soltó accidentalmente el nombre de Winston.
—¿Qué? ¿Van Winston? ¿Hablas de Van Winston, el Filo de Hielo Supremo de Ferrari?
—Sí. Mejor mantengo mi distancia con él a partir de ahora…
—¡Estás mal de la cabeza! ¡Si se trata de Van Winston, entonces ninguna de esas tres razones tiene sentido!
—¿Por qué?
—Que te conviertas en un piloto estrella: imposible. Y por esa actitud distante que tiene Van Winston, ¡mirarlo es como admirar los Alpes! ¡Si quisiera ligar contigo, sería como si de los Alpes cayera un deslizamiento de lodo de la nada!
—¡Qué clase de maldita metáfora es esa! ¿Él es los Alpes y yo soy el deslizamiento de lodo?
—¿Acaso no lo eres? Alguien como él, que camina en la cima del éxito, ¿por qué querría ser amigo de un inútil como tú?
—¿Tal vez porque se siente solo y quiere compañía?
—De acuerdo. ¡Está bien, hermano! ¿Van Winston te habló por voluntad propia? ¡La próxima vez que tengas oportunidad, me consigo una foto con él!
—Espera, ¿entonces crees que de verdad solo quiere ser mi amigo? ¿Y no hacerme eso?
—¿Pues sí? ¿Acaso en el fondo esperabas que te hiciera eso?
Hunter mostró una gran sonrisa.
—¡Basta! ¡Me voy a dormir!
—¡Oye, ¿ya te vas a dormir?! ¡Todavía no me has contado qué más te dijo Winston!
Sin importar lo fuertes que fueran los sonidos de la pareja teniendo sexo en la habitación de al lado, el rostro de Hunter mantenía una hermosa sonrisa.
…
El intenso calendario de Grandes Premios consecutivos seguía su curso.
Hunter voló a Montreal junto a la escudería.
En el avión, el sujeto llamado Maddie siempre mantuvo una expresión amargada, como si hubiera comido huevos podridos.
Hunter se frotó la barbilla; pensó que, a menos que lo expulsaran de la escudería, probablemente ese tipo nunca le mostraría una buena cara.
Apenas bajaron del avión, iniciaron las prácticas nocturnas.
Hunter los miró correr vuelta tras vuelta sobre la pista, pero su mente regresó a esa noche, cuando Winston y él llevaron aquel deportivo hasta reventarle el motor en la pista de pruebas de Ferrari.
La locura temeraria en cuanto a velocidad, mezclada con el placer de dominar el volante al borde del desastre en cualquier momento.
Ahora Maddie y Luke eran el núcleo de la escudería, por lo que él parecía totalmente prescindible.
Hunter se refugió en un rincón apartado y sacó un cigarrillo.
En cada carrera necesitaba algo para estimularse. Como no sabía apreciar el sabor del café, los cigarrillos se convirtieron en su principal elección.
Sin embargo, fumar dañaba su capacidad cardiopulmonar, así que siempre fumaba con extrema moderación, limitándose a un solo cigarrillo.
Entrecerró los ojos, deleitándose con la sensación de la nicotina fluyendo por su sangre hasta invadir su cerebro.
Dejó que el rugido de los motores se alzara ola tras ola; ya nada de eso tenía que ver con él.
—Déjame darle una calada.
Una voz gélida resonó junto a su oído; en contraste con el humo arremolinado, parecía la fusión perfecta entre el hielo y el fuego.
Hora del huevo salado:
Varios días después
Hunter: Blue… de verdad no quiere ser mi amigo, en serio me está tratando como a una galleta Oreo, ¡y él es el vaso de leche!
Blue: ¿Qué quieres decir?
Hunter: ¡Me quiere remojar!
Blue: Yo… corrijo lo que dije antes. ¡Los métodos de este tipo para ligarse a los hombres están llenos de altibajos y son verdaderamente únicos!
Deja un comentario