Jian Suiying pensó originalmente que Li Yu iría a buscarlo en horario de oficina; nunca imaginó que se presentaría directamente en su casa.

Y al llegar, no tocó a la puerta como un invitado decente, sino que usó su puta llave y entró sin más.

Esto le dio un buen susto a Jian Suiying, que estaba recostado en el sofá leyendo. Al escuchar el sonido de la llave girando en la cerradura, no supo reaccionar de inmediato; saltó del sofá, agarró un palo de golf que tenía a la mano en un rincón y caminó directo hacia la entrada, dispuesto a ver qué ladrón con tan mala suerte se había atrevido a entrar a robar a su casa.

Sin embargo, al ver el rostro pálido y refinado de Li Yu, se quedó completamente de piedra.

Recién entonces recordó que Li Yu tenía llaves de su casa —él mismo se las había dado— y, cuando rompieron, olvidó pedírselas de vuelta.

Li Yu tenía los párpados medio caídos y le dirigió una mirada de indiferencia, como si no le importara en lo más mínimo.

¿Esa es tu puta actitud para venir a disculparte?, pensó Jian Suiying, sintiéndose disgustado al instante, y soltó con sarcasmo:

—¿Acaso no viste el enorme timbre que hay en la entrada? ¿Quién te dio permiso para entrar a mi casa como si nada?

Li Yu se quedó de pie en la entrada y dejó en el suelo el montón de regalos que llevaba en las manos. Parecía que no tenía la menor intención de entrar.

—Con este clima tan agradable, di por hecho que habrías salido a una cita —dijo Li Yu con una sonrisa fría—. Solo vine a dejarte lo que mi papá me pidió que te trajera; lo dejo y me voy.

Jian Suiying se enfureció.

—¡Quién quiere tus porquerías! Tu hermano te mandó a pedirme disculpas. ¿Así es como lo haces?

Li Yu lo fulminó con la mirada.

—Haber venido ya es darte una salida digna. No te pases de la raya.

Jian Suiying resopló con desdén.

—Si de verdad tuvieras tantas agallas, no habrías venido. Pero ya que estás aquí, sigues dándote esos putos aires de grandeza. ¿No te da vergüenza?

Esas palabras dieron justo en el punto débil de Li Yu, haciéndole apretar los dientes de rabia.

Desde la noche anterior, había estado en un estado constante de impulsividad, deseando darle a Jian Suiying una buena lección.

El hecho de que anduviera persiguiéndolo por detrás mientras al mismo tiempo se paseaba presumiendo a ese putito de compañía lo enfermaba por completo. El supuesto «amor» de Jian Suiying resultaba ser demasiado barato.

No sabía cómo disipar ese sentimiento; había creído que Jian Suiying de verdad lo amaba, pero al parecer no era así.

En el momento en que vio a Jian Suiying aparecer frente a él abrazando íntimamente a aquel chico por la cintura, sintió como si lo hubiera partido un rayo. Le zumbaba la cabeza, su cuerpo dejó de responderle por un instante y fue totalmente incapaz de asimilar lo que estaba viendo.

Desde que conoció a Jian Suiying, este siempre le había mostrado un afecto sin tapujos; nunca se le había pasado por la mente la posibilidad de que Jian Suiying pudiera actuar de la misma manera con muchas otras personas.

Aunque antes había escuchado rumores sobre el estilo de vida privado de Jian Suiying, la devoción y la persistencia que este le había demostrado durante el último año le habían creado la ilusión de que Jian Suiying estaba completamente enfocado en él.

Sentía que habían jugado con él, y eso irremediablemente lo llenaba de furia.

Alguien como Jian Suiying, con una vida privada tan caótica, que decía una cosa pero hacía otra, sencillamente no merecía que nadie lo tratara con sinceridad.

En ese instante, Li Yu se dio cuenta de que Jian Suiying siempre había sido esa escoria abusiva que oprimía a los más débiles y le hacía toda clase de canalladas a su propio hermano menor. Eso no iba a cambiar solo porque se hubiera acostado con él un par de veces; el único que había cambiado era él mismo.

Y el hecho de haber empezado a cambiar su opinión sobre alguien como Jian Suiying era algo que le resultaba aún más inaceptable de sí mismo.

Cuando aquel día despertó y descubrió que se había perdido esa importante competencia, recordó de forma repentina y con una claridad absoluta por qué había empezado a practicar boxeo en primer lugar.

Fue porque vio a un Jian Suilin tan débil y digno de lástima llorando por los abusos de su hermano mayor; en ese momento juró que algún día le daría una paliza a ese maldito hermano hasta dejarlo tirado en el suelo.

Esa había sido siempre su actitud hacia Jian Suiying desde que era un niño, y ese medio año de caos, locura y sinsentido no había sido más que un completo error.

Al ver que no decía nada, Jian Suiying se cruzó de brazos, levantó la barbilla y exigió con arrogancia:

—Discúlpate. ¿A qué te mandaron tu papá y tu hermano?

Li Yu le dirigió una mirada gélida, retrocedió rápidamente hacia el pasillo y cerró la puerta de un portazo.

Jian Suiying se quedó paralizado un momento. Abrió la puerta a toda prisa con la intención de perseguirlo, pero luego pensó que salir corriendo descalzo era rebajarse demasiado, así que se limitó a asomarse por el marco de la puerta y gritar:

—¡Li Yu, pedazo de cabrón! ¡¿No tienes miedo de que vaya a acusarte con tu hermano?!

Li Yu no respondió; se quedó esperando el ascensor.

—¡Li Yu, vuelve aquí ahora mismo! —Jian Suiying se calzó las pantuflas de una patada y salió corriendo.

El ascensor se abrió con un «ding». Justo cuando Li Yu iba a entrar, Jian Suiying se abalanzó sobre él, lo agarró por el cuello de la camisa y lo arrastró de vuelta.

Li Yu lo tomó del brazo y se giró con la intención de retorcérselo de nuevo. Sin embargo, Jian Suiying ya había sufrido esa llave varias veces y estaba prevenido; se escabulló ágilmente por debajo de la axila de Li Yu, le agarró el cuello con la mano y lo estampó contra la pared.

Sin dejarse intimidar, Li Yu también lo agarró por el cuello.

Ambos se fulminaron con la mirada. Sus rostros se pusieron rojos por la falta de oxígeno, pero ninguno estuvo dispuesto a soltar al otro primero.

Al final, cuando ambos estaban al borde de la asfixia, se soltaron en un acuerdo tácito casi simultáneo, para luego tomar grandes y desesperadas bocanadas de aire.

Li Yu lo apartó de un empujón para intentar entrar al ascensor, pero justo en ese momento, las puertas se cerraron con un nuevo «ding».

Jian Suiying dio un salto al frente y bloqueó la entrada del ascensor para impedirle el paso.

Li Yu apretó los dientes.

—¿Qué diablos quieres?

—Prepárame algo de comer —soltó Jian Suiying sin pensar.

Li Yu lo miró con asombro.

Jian Suiying se sintió un poco avergonzado.

—Solo hazme esos fideos de la otra vez… Lo tomaré como tu disculpa formal.

Li Yu dejó escapar una risa burlona.

—¿Para que luego me los tires encima?

Al mencionar eso, Jian Suiying no pudo evitar recordar la última noche que habían pasado juntos en esa casa. Si Li Yu consideraba que tirarle un tazón de fideos encima era un insulto, entonces él, que se había dejado coger para luego ser botado como basura, ¿acaso no debería buscar una pared para estamparse y matarse de una buena vez?

Jian Suiying estalló en cólera.

—¡¿Con qué puta cara te atreves a quejarte?! ¡¿Fuiste tú quien me botó a mí o yo quien te botó a ti?! ¡¿Acaso te portaste a la altura conmigo?!

La expresión de Li Yu también se volvió algo antinatural. Nunca pensó que llegaría el día en que discutiría abiertamente con Jian Suiying los detalles de su ruptura. Para él, esa relación indefinible no podía llamarse noviazgo, por lo que, lógicamente, tampoco podía llamarse ruptura; simplemente había llegado el momento de terminar.

Pero al ver el agravio y el resentimiento que Jian Suiying no lograba ocultar detrás de su furia, sintió una extraña punzada en el corazón.

Jian Suiying le gritó:

—¡Si no quieres, al diablo! Mañana agarraré todas tus porquerías, iré a tu casa y se las devolveré a tu papá en su cara.

El rostro de Li Yu cambió ligeramente.

—Te los prepararé.

Jian Suiying torció la comisura de los labios en una sonrisa, se dio la vuelta y caminó de regreso a la casa.

Li Yu realmente lo siguió al interior. Con una familiaridad absoluta, se quitó los zapatos, dejó las llaves sobre el mueble del recibidor y se puso las pantuflas que siempre usaba cuando iba de visita. Toda la secuencia de movimientos fue fluida y natural, como si nunca hubiera dejado de frecuentar aquel lugar.

Jian Suiying se sentó a la mesa del comedor. Apoyando la barbilla en la mano, observó cómo Li Yu entraba en la cocina, sacaba lo que necesitaba del refrigerador y de las alacenas, y se ponía a trabajar con agilidad.

El cabello de Li Yu había crecido un poco; las puntas ya le rozaban el cuello de la camisa. No sabía cuánto tiempo llevaba sin cortárselo, y pensó que él mismo también llevaba bastante tiempo sin ir a la peluquería. Si las cosas fueran como antes, podrían haber ido a cortarse el cabello juntos con total naturalidad. Por supuesto, no podrían ir con Kevin; si a Kevin se le ocurría ofrecerle sus servicios de proxeneta en ese momento, sería demasiado incómodo. Hablando de eso, si Li Yu tuviera siquiera la mitad de la docilidad y el sentido común de Xiao-Zhu, cuántos problemas se habrían ahorrado ambos.

Sin embargo, si Li Yu fuera igual a todos esos amantes esporádicos que iban y venían, a él no le gustaría tanto.

Al contemplar la espalda de Li Yu trabajando en silencio, una tristeza indescriptible comenzó a expandirse lentamente en el corazón de Jian Suiying.

***

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