El club privado
—Chu Yan, ¿qué haces ahí parado?
La fría pregunta de Xiao Suian devolvió a Chu Yan a la realidad. Ocultó sus emociones con rapidez, levantó la mirada hacia él y curvó ligeramente las comisuras de los labios.
—Ya voy.
Dicho esto, subió al asiento trasero por la otra puerta, manteniendo exactamente un palmo de distancia con Xiao Suian.
—Bien, en marcha.
Al recibir la orden, el chófer pisó el acelerador de inmediato y alejó el auto de la villa.
Era apenas la tercera vez que Chu Yan salía de esa residencia desde que había llegado a ese mundo. Miró los edificios del exterior a través de la ventanilla.
—Ya va a oscurecer, ¿a dónde vamos? —preguntó con casualidad.
—A un club privado —respondió Xiao Suian, tan tranquilo y escueto como siempre.
El club privado no estaba tan lejos como imaginaba; apenas a media hora de camino. A juzgar solo por la entrada, la decoración del lugar debía basarse en tonos fríos. A excepción de los meseros parados a ambos lados de la puerta, todo el recinto lucía bastante discreto.
Chu Yan y Xiao Suian bajaron primero, mientras el chófer llevaba el auto al estacionamiento. El guardaespaldas empujó la silla de ruedas hacia la entrada, y Chu Yan los siguió de cerca.
—¡Bienvenido, señor Xiao!
—¡Bienvenido, señor Xiao!
Al verlo llegar, los dos meseros se inclinaron y saludaron al unísono, con modales impecables.
Después de todo, Chu Yan había sido una gran estrella y estaba acostumbrado a los grandes escenarios. Sus cejas se contrajeron levemente, pero su expresión recuperó de inmediato su habitual serenidad, y la tenue sonrisa en sus labios permaneció inalterable.
Vio a uno de los meseros murmurar algo por el comunicador antes de mirar a Xiao Suian.
—El señor Yun Lang lo espera en el salón privado. —Sonrió—. Permítame guiarlo, señor Xiao.
—Gracias.
—Es mi deber.
Chu Yan siguió a Xiao Suian al interior. Cruzaron un largo pasillo y giraron varias veces a la izquierda y a la derecha antes de que el mesero se detuviera.
—Este es el salón del señor Yun Lang, puede pasar directamente. Me retiro a atender otros asuntos. —El empleado asintió con una sonrisa al concluir su tarea, dio media vuelta y se marchó.
El guardaespaldas se adelantó y llamó a la puerta. Poco después, un hombre guapo de cabello muy corto les abrió.
El hombre miró primero al guardaespaldas con confusión, para luego fijar la vista en Xiao Suian. Sus ojos se iluminaron de inmediato y esbozó una amplia sonrisa que arruinó por completo su apuesto semblante. Con una gran zancada, se plantó frente a Xiao Suian, le dio una palmada en el hombro sin ninguna ceremonia y rio.
—¡Por fin llegas! ¡Sigues siendo igual de puntual que siempre!
—Mjm, entremos primero.
Xiao Suian alzó la vista y miró de soslayo al hombre del cabello corto. Seguía inexpresivo, pero Chu Yan percibió vagamente un ligero cambio en él; parecía un poco más relajado de lo habitual.
—¡Bien, bien, bien! ¡Entremos al salón y hablemos con calma! —El hombre, es decir, Yun Lang, rio y, por instinto, hizo el ademán de empujar la silla de ruedas de Xiao Suian. Solo entonces notó la presencia de Chu Yan a un lado—. ¿Y él… es?
Xiao Suian giró la cabeza para mirar a Chu Yan.
—Es Chu Yan, el que te mencioné —respondió con voz apagada.
—¡Oh! ¡Así que tú eres el nuevo esposo de Suian! ¡Qué increíble! —Yun Lang le tomó la mano derecha sin reparos y se la sacudió de arriba abajo—. Atreverte a casarte con un cara de hielo como Xiao Suian… ¡De verdad me dejas impresionado!
—El hermano Yun Lang me halaga demasiado; solo fue el destino el que permitió que Suian y yo nos encontráramos. —Chu Yan no reaccionó de más; esbozó una leve sonrisa y pronunció una declaración tan formal que parecía el eslogan de un comercial.
Yun Lang se quedó pasmado un momento y no pudo evitar soltar una carcajada.
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