Ferrari no te merece

Hunter giró el rostro sin prisa y vio a Winston, que llevaba puesto el mono de carreras.

—¿Terminó tu sesión de práctica?

—La primera ronda terminó; la segunda empieza a las dos y media —dijo Winston, con los párpados a medio caer, alzando levemente la barbilla para mirar el cigarrillo entre los nudillos de Hunter.

—Deberías traer los tuyos… Espera, ¿tú fumas?

—No mucho.

—La verdad es que ni en sueños podría imaginarte fumando.

—Ahora puedes verlo.

Hunter estaba en cuclillas a un lado del camino, mientras que Winston se sentó a su lado.

Un rufián y un aristócrata; esa fue la idea que cruzó por la mente de Hunter.

—Solo tengo un cigarrillo. —Hunter lo miró de reojo.

Lógicamente, si Winston estaba dispuesto a ser su amigo, él debería sentirse halagado y ofrecerle todo.

Pero para Hunter, sin importar si el otro era un genio o si él mismo era un inútil, los amigos no tenían jerarquías. Ante Winston él era un igual; no iba a ser servicial ni a rebajarse para complacerlo.

—Por eso, ya te fumaste la mitad; solo pedí una calada.

La voz de Winston seguía sonando fría y su rostro no mostraba ninguna expresión adicional.

Era como si dijera: «Que no te haya pedido el cigarrillo entero ya es el mayor favor que puedo hacerte».

¡Qué molestia!

Sin embargo, entre amigos, aparte de las chicas, las cosas buenas debían compartirse. Aunque un cigarrillo definitivamente no entraba en la categoría de «cosas buenas».

—Está bien, te daré una calada.

Hunter se giró, sosteniendo el cigarrillo entre su índice y pulgar, y lo acercó hacia el otro hombre.

Pensó que Winston se quitaría los guantes de carreras y extendería la mano para tomarlo, pero, para su sorpresa, mantuvo las manos apoyadas a los lados; simplemente se inclinó hacia él y giró el rostro.

En ese instante, Hunter tuvo la ilusión de que estaba a punto de besarlo.

Sus labios se abrieron ligeramente para atrapar el cigarrillo, y pareció que también rozaron las yemas de los dedos de Hunter.

La punta de su lengua empujó el filtro y esa sutil fuerza se transmitió hasta los dedos del joven piloto.

Por un segundo, Hunter casi dejó caer el cigarrillo.

Él realmente solo le dio una calada; el anillo de humo que exhaló tenía una forma extremadamente suave.

Siendo también un hombre… Hunter tuvo que admitir que ese sujeto era muy sexi.

—¿Estás familiarizado con el circuito Gilles Villeneuve? —preguntó Winston.

—Lo imaginé en mi cabeza innumerables veces y también lo practiqué en el simulador. Llevas tres años compitiendo en Grandes Premios, ¿verdad? Así que debes haber corrido en esta pista al menos tres veces. No tengo tanta experiencia como tú —dijo Hunter, guiñando un ojo con una sonrisa.

—Entonces, cierra los ojos ahora e imagina que estás en la parrilla de salida del circuito Gilles Villeneuve.

—¿Ah? —Hunter apenas iba a expresar su confusión, cuando la fría mirada de Winston se posó sobre él; esa sensación de ser controlado sin necesidad de una sola palabra no era nada agradable.

Aun así, cerró los ojos instintivamente.

No había remedio; este tipo tenía una carrera en un rato. Si no le seguía la corriente y terminaba arruinando su estado de ánimo para competir, ¿acaso sería su culpa?

—La longitud de una vuelta en este circuito es de aproximadamente cuatro coma cuatro kilómetros. Son setenta vueltas en total. Si quieres quedar entre los ocho primeros para conseguir puntos, mi sugerencia es que adoptes una estrategia de dos paradas en boxes; tres paradas serían una pérdida de tiempo para ti. Si logras mantenerte alrededor del duodécimo puesto durante las primeras quince vueltas, entonces haz tu primera parada técnica en la vuelta veinte. Cuando llegues a la vuelta cuarenta, si lograste colarte al top ten, haz tu segunda parada antes de la vuelta cincuenta. El objetivo es terminar entre el octavo y el sexto lugar.

La voz de Winston era racional, teñida con un rastro de determinación.

Hunter estaba a punto de abrir los ojos para decir algo, pero Winston extendió el brazo y le cubrió la mirada.

—No te dije que abrieras los ojos.

—¡Está bien, está bien! —Hunter levantó ambas manos en señal de rendición.

—En la primera curva del circuito, reduce a la segunda marcha para pasar, y luego frena de nuevo para tomar la curva de horquilla. Este punto es clave para que logres salir del pelotón. Si puedes destacar aquí, todo es posible. Acelera antes de entrar a la curva tres, y luego reduce la velocidad para tomarla. Este es un lugar privilegiado para adelantar; si tienes confianza, puedes enfrentarte rueda a rueda con el piloto que va delante de ti. Ten cuidado de que no te arranquen el alerón lateral.

En los oídos de Hunter pareció resonar el rugido ensordecedor del motor; el viento aullaba y su mente corría a toda velocidad.

—Ahora ya aceleraste a través de las curvas cuatro y cinco; lo que sigue es el desafío. Esta es una curva a la izquierda muy cerrada; tienes que bajar la velocidad a menos de ochenta y cinco.

El campo de visión de Hunter se volvió cada vez más claro; la voz de Winston lo mantenía lúcido, pero a la vez desencadenaba una imaginación infinita.

—En la recta después de salir de la horquilla, la velocidad puede superar los trescientos diez. Es un tramo crucial para adelantar. No importa quién sea el rival que tengas delante, le arrebatarás su posición.

—¡Winston! ¡Dios mío, estás aquí! —sonó la voz de Annie, su asistente—. ¡La segunda ronda de prácticas libres está a punto de empezar!

—Mmh. —Él se puso de pie.

Hunter también se levantó.

—Quiero dar otra calada. —Winston se inclinó hacia Hunter.

Sus ojos estaban muy cerca; parecían tranquilos y contenidos, pero albergaban una marea silenciosa.

Movido por un impulso incomprensible, Hunter sostuvo su cigarrillo y lo llevó a los labios de Winston; pudo ver con absoluta claridad la punta de su lengua entre ellos y sintió la ligera presión al aspirar.

—Gracias —dijo Hunter a la espalda de Winston.

Gracias por dejarme experimentar por primera vez lo que se siente conducir un monoplaza en el circuito Gilles Villeneuve.

Terminada la tercera sesión de prácticas, Hunter regresó al hotel con su escudería.

El equipo inició la reunión técnica, centrándose nuevamente en las estrategias de carrera para Maddie y Luke.

Al escuchar todo esto, Hunter no podía dejar de bostezar. En cuanto cerraba los ojos, lo único que repetía en su mente era el análisis de pista que le había dado Winston.

Tenía tantas ganas de intentarlo…

Cuando ese pensamiento cruzó por su mente, se quedó ligeramente paralizado.

Alguna vez le encantó la sensación de conducir un auto de carreras. En los campeonatos de karts, sentía que cada competencia era algo nuevo… Tantos pilotos de la Fórmula Renault y del karting ansiaban entrar a la Fórmula 1, incluyéndolo a él.

Pero, ¿por qué ahora que realmente había entrado, no le quedaba ni una pizca de deseo de ganar?

—¡Hunter! ¿En qué estás pensando? —El director técnico lo miró con evidente insatisfacción.

Probablemente, para toda la escudería, él era un niño problemático. En tres carreras no había logrado ejecutar a la perfección la estrategia del equipo, y de paso arrastró a Maddie, haciendo que Duceni lo dejara fuera de los ocho primeros.

—¡Está pensando en si podrá volver a conducir karts cuando el equipo lo eche a la calle! —Maddie lo miró con un desprecio indisimulado.

—¿Eh? Maddie, ¿acaso estás enamorado de mí en secreto? —preguntó Hunter con los ojos muy abiertos.

—¿Yo, enamorado de ti? ¡Estás enfermo de la cabeza!

—Si no es así, ¿cómo conoces tan bien mis pensamientos?

Maddie rodó los ojos hacia el techo; se dio cuenta de que no importaba cómo humillara a ese sujeto, no servía de nada porque tenía la cara demasiado dura.

El señor Marcus también meneó la cabeza y dejó escapar un suspiro.

Su compañero Luke le palmeó el hombro a Hunter y lo consoló:


—No te pongas así, ¿quizás te toque salir a la pista en la próxima carrera?

—Gracias, pero tampoco te maldigas a ti mismo.

A menos que Luke terminara por debajo del decimoquinto puesto en este Gran Premio, lo más probable era que el equipo no volviera a poner a Hunter a competir.

La sesión de clasificación estaba a punto de comenzar y toda la escudería se volvió un caos de tensión y actividad; solo Hunter andaba por ahí con el celular en la mano, jugando Candy Crush.

Quizás realmente tenía que pensar qué haría con su vida si dejaba la F1. Sin haber conseguido un solo punto, ni siquiera la escudería más débil lo contrataría. Incluso si volvía a las carreras de karts, las burlas que recibiría probablemente serían mucho peores que las de Maddie.

Solo que… ¿de verdad estaba dispuesto a rendirse así sin más?

Pero, ¿qué importaba si no quería rendirse? De todos modos, nadie esperaba nada de él.

De repente, chocó contra alguien. Hunter dio un pequeño traspié hacia atrás, mientras que el otro se mantuvo firme como una montaña, sin inmutarse lo más mínimo.

Su celular cayó, pero el otro tuvo reflejos rápidos y lo atrapó con facilidad.

—¿Todavía juegas a esto?

—¿Ah? —Al levantar la vista, Hunter se encontró con unos ojos serenos e insondables.

Era Winston.

—Sí, es muy divertido. —Hunter sonrió y recuperó su teléfono.

—Eres muy leal a muchas cosas.

—¿Qué?

—Este juego; podrías jugarlo durante cinco años.

—¿Ah? ¿Cómo lo sabes?

Por el contrario, Hunter sentía que su interés por cualquier cosa nunca duraba más de cinco minutos.

Pero Winston no tenía la intención de seguir hablando del juego.

—En la clasificación de más tarde, no te preocupes demasiado por los juegos de neumáticos que te queden; intenta asegurar la posición más alta posible en la parrilla —dijo Winston.

—Tú… debes saberlo, ¿no? No participé en las prácticas; los pilotos que nuestra escudería mandó para este Gran Premio son Maddie y Luke…

—Hunter, ¿quieres dejar la Fórmula 1? —preguntó Winston.

Hunter hizo una pausa, luego se encogió de hombros y respondió con tono indiferente:


—¿Qué más da? En las tres carreras pasadas no logré entrar a los primeros doce. Para las próximas competencias, el equipo seguramente centrará toda su atención en Luke; ya no tendré ninguna oportunidad. Después de este año, la escudería Marcus no renovará mi contrato y ningún otro equipo me querrá. ¿Acaso puedes convencer a Ferrari de que me contrate?

—Ferrari no te merece —afirmó Winston.

Hunter lo miró a los ojos; parecían carecer de emociones, pero gestaban demasiadas, con una profundidad inescrutable.

No entendía por qué, habiendo tantas cosas significativas en el mundo, Winston lo miraba de esa manera.

—Entonces… ¿qué es digno de mí? —Hunter rio y le dio un golpe amistoso a Winston en el hombro—. Ya, ya, sé que hace apenas unos días nos hicimos amigos y debes sentir que… me estás perdiendo, pero no te preocupes; mientras sigas en la pista, te animaré en mi corazón.

—Tendrás el mejor equipo. Eso incluye al grupo de diseño de unidades de potencia más sobresaliente, ingenieros de sistemas de suspensión de primer nivel y un analista de estrategias que te entienda perfectamente. Solo una escudería así estará a tu altura.

Aunque claramente eran solo palabras de consuelo, Hunter sintió que un equipo tan increíblemente excepcional estaba justo frente a él.

—Gracias.

Justo en ese momento, el grito del señor Marcus provino desde atrás:

—¡Hunter! ¡Hunter! ¿A dónde se metió este tipo ahora?

—¿Ah? —Hunter se dio la vuelta.

El rostro de Marcus reflejaba ansiedad, pero al ver a Winston de pie detrás de Hunter, se quedó un poco paralizado.

Winston simplemente asintió con la cabeza a modo de saludo.

—¡Prepárate! ¡Vas a entrar de inmediato a la sesión de clasificación!

Hora del huevo salado


Hunter:
¡Lo que más me gusta es fumar un cigarrillo antes de una carrera para refrescar la mente! ¿Y a ti?
Winston: Lo que más me gusta es abrazarte después de hacerlo y fumar un cigarrillo contigo.
Hunter: ¿Ah?
Winston: Aunque supongo que ni siquiera podrías mantenerte despierto.


Descubre más desde Chacanna Traducciones

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario

Descubre más desde Chacanna Traducciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo