Mirada fija

Tras la partida de Lin Yuechi, la habitación recuperó la tranquilidad.

Chu Yan retiró la mano con total naturalidad y, de buen humor, le dedicó a Xiao Suian una sonrisa.

Xiao Suian se encontró con los ojos del joven que tenía enfrente, mientras en su mente revivía a toda velocidad la escena que acababa de transcurrir. Unos segundos después, bajó la mirada hacia su propia mano derecha, cerró el puño lentamente, lo soltó poco a poco y volvió a apretarlo…

Así, una y otra vez: apretar, soltar, apretar, soltar… El color azabache en las pupilas de Xiao Suian se agitó como la marea, y un destello de profundo e imperceptible significado cruzó por ellas.

Casi sin darse cuenta, Chu Yan parecía haber cambiado un poco respecto al pasado; esas repetidas alteraciones en su forma de actuar no eran en absoluto una coincidencia.

Seguramente… había comenzado con el incidente del guardia. Xiao Suian alzó la vista hacia Chu Yan. Sus pupilas, ya de por sí oscuras, parecían ahora envueltas por una espesa niebla, volviendo aún más ilegibles las verdaderas emociones que se ocultaban en el fondo de sus ojos.

Al sentir que Xiao Suian lo observaba fijamente, Chu Yan primero fingió no darse cuenta y guardó silencio.

Pero esa mirada era demasiado aguda, genuinamente imposible de ignorar. Un minuto después, suspiró con suavidad, levantó la cabeza y enfrentó los ojos contrarios sin el menor temor.

—¿Me estás insultando con la mirada? —preguntó, entreabriendo los labios.

Creía que Xiao Suian lo culpaba en secreto por haber hecho enojar a Lin Yuechi y provocar que se marchara, pero como le resultaba difícil decirlo en voz alta, había recurrido a clavarle la mirada como advertencia.

Xiao Suian frunció ligeramente el ceño, sin comprender a qué se refería.

—¿Por qué habría de insultarte?

—¿Y yo cómo voy a saber por qué quieres insultarme? —Chu Yan fingió ignorancia, frunciendo los labios con expresión de duda—. ¿No será porque hice que Lin Yuechi se fuera enojada?

Hablaba de forma directa y sin tapujos, como si temiera que el otro no se diera cuenta de lo poco que le agradaba Lin Yuechi; su actitud era descaradamente transparente.

—No te estoy insultando —respondió Xiao Suian con tono indiferente, apartando lentamente la mirada y bajando los ojos para continuar—: ¿Qué tiene que ver contigo que Lin Yuechi se haya ido?

—La verdad es que no tiene nada que ver —afirmó Chu Yan, asintiendo con total seriedad—. Pero desde que se fue, siento que el aire de esta habitación está mucho más fresco.

En realidad, a Chu Yan le gustaba mucho convivir con alguien con la personalidad de Xiao Suian. Al ser tan taciturno y de pocas palabras, no necesitaba estar pensando constantemente en cómo lidiar con las cosas que decía.

—¿No te agrada? —preguntó Xiao Suian, alzando levemente la vista con tono neutro.

Las pupilas de Chu Yan, claras como el ámbar, se movieron ligeramente, pero no dio una respuesta directa. En su lugar, las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa y contestó como si fuera lo más obvio del mundo:

—¿A quién le gustaría tener a otras mujeres rondando constantemente alrededor de su esposo? Suian, ¿no te parece?

Al escucharlo, las pupilas oscuras de Xiao Suian temblaron ligeramente. Su mirada rozó de pasada el pequeño lunar castaño junto a la comisura del ojo de Chu Yan y luego bajó a medias las pestañas. Como si no supiera qué responder, prefirió guardar silencio.

Chu Yan inclinó el torso hacia delante, apoyó los codos en las rodillas y sostuvo su barbilla con las palmas de las manos. Al echarle un vistazo casual, captó un levísimo e imperceptible rubor rosado en la punta de las orejas contrarias.

Un destello cruzó por los ojos de Chu Yan y la sonrisa en sus labios se acentuó un poco más.

Quizás, Xiao Suian no era tan frío e indiferente como aparentaba.

Tras un mes conviviendo juntos, Chu Yan sentía cada vez más que este villano era muy diferente a los de las leyendas. No causaba problemas, no armaba escándalos y no solo no había cometido ningún acto atroz, sino que rara vez hablaba, pasando todo el día ocupado con su trabajo.

Pero irónicamente, alguien que no encajaba en absoluto con el perfil de un antagonista, se vería obligado a tomar el camino de la villanía simplemente por haberse enamorado del protagonista shou de la novela original, para terminar siendo derrotado por la invencible aura de suerte que solo los protagonistas poseían.

Con este pensamiento en mente, Chu Yan miró de reojo a Xiao Suian, grabando en sus ojos aquel perfil delgado, apuesto y frío. Tenía la constante impresión de que, con el temperamento que poseía, si hubiera podido elegir su propio camino, seguramente habría alcanzado la cima del éxito por sus propios medios.

Retiró la mirada con lentitud, sumido en sus pensamientos.

Ya que había decidido cambiar el destino de Xiao Suian, naturalmente haría todo lo que estuviera a su alcance. Sin embargo, por el momento parecía que el desarrollo de los acontecimientos coincidía casi por completo con la trama original, aunque ya se presentaban algunas desviaciones. Todavía necesitaba explorar y familiarizarse más con ese mundo.

No podía precipitarse; solo podía avanzar con calma y planificación.


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