Tal como Ren Yi había predicho, se encontraron con un embotellamiento en el camino y comenzaron a moverse a paso de tortuga.
Después de comer, Ren Yi no tenía nada que hacer. El interior del auto estaba tan silencioso que se podía escuchar la respiración del otro, y la atmósfera era increíblemente incómoda, o al menos eso pensaba Ren Yi.
Él no era el tipo de persona que pudiera soportar los silencios incómodos.
—¿Escuchamos algo de música? —preguntó tras toser levemente.
Gong Yingxian presionó el botón de reproducción. De los parlantes surgió una pieza de música clásica, densa y profunda.
—Mejor apágalo —dijo Ren Yi.
Gong Yingxian lo miró de reojo con una expresión que parecía decir «qué problemático eres», y extendió la mano para apagarla.
Después de un momento de silencio, Ren Yi volvió a hablar.
—¿Recopilaste los testimonios de los otros sospechosos? ¿No dijo el dueño del bar que alguien quería vengarse de él?
—Sí. Antes era su jefe, ahora son competidores —respondió Gong Yingxian—. Pero ese hombre tiene una coartada. Cuando empezó el incendio estaba trabajando en su propio bar, tiene muchos testigos.
—¿Por qué estaba cerrada la salida de emergencia del bar?
—Para evitar que la gente entrara sin pagar. Según los empleados, llevaba cerrada más de un año.
—Con todas las pruebas actuales, no parece que haya sido un incendio provocado.
Gong Yingxian asintió.
—Pero todavía no podemos descartarlo. El sospechoso hizo amenazas públicas sobre quemar el bar en el pasado, así que existe la posibilidad de que haya contratado a un pirómano.
Ren Yi lo pensó por un momento.
—Esa tal Cai Wan parece más sospechosa.
—Esperemos a que salgan los resultados de su análisis de orina. En estos días también tendré que tomarle declaración a todos los empleados y clientes que podamos localizar, y hay muchas cámaras de seguridad que revisar. —Gong Yingxian se frotó el puente de la nariz inconscientemente; era evidente que la carga de trabajo era enorme.
—¿Por qué te hiciste policía? —soltó Ren Yi. Se arrepintió en cuanto lo dijo. Aunque llevaba mucho tiempo sintiendo curiosidad, en realidad no era asunto suyo. Todo era culpa de Gong Yingxian por ser tan extraño y misterioso, era natural sentir curiosidad.
Como era de esperar, Gong Yingxian se quedó en silencio. Ren Yi se sintió tan frustrado que quiso golpearse a sí mismo.
En ese momento sonó el teléfono de Gong Yingxian, salvando a Ren Yi justo a tiempo.
—Aló —respondió Gong Yingxian al contestar la llamada—. No volveré a cenar. Sí, no es necesario. Sí, lo sé. Bien, bien.
Ren Yi lo miró de reojo a escondidas. El tono de Gong Yingxian no era tan frío como de costumbre; era el tono de alguien hablando con su familia.
—Tu escuadrón está más adelante —dijo Gong Yingxian tras colgar el teléfono.
—Oh.
Gong Yingxian detuvo el auto a un lado de la calle.
—Te avisaré en cuanto haya noticias del laboratorio de investigación de incendios —dijo Ren Yi—. Avísame si descubres algo.
Gong Yingxian asintió.
Ren Yi bajó del vehículo. Al principio pensó en despedirse, pero no quería parecer demasiado entusiasta; después de todo, Gong Yingxian siempre lo trataba con frialdad. Torció los labios y se marchó sin mirar atrás.
Al regresar al escuadrón, coincidió con el retorno de los demás tras atender unas emergencias, y eran dos grupos diferentes.
—¿Cómo les fue? ¿Qué clase de emergencias tuvieron? —preguntó Ren Yi.
—Un niño travieso atascó la cabeza en las rejas de la ventana —dijo Gao Ge—. Cuando llegamos, hasta nos estaba cantando. Fue muy divertido.
—Sí, sus padres fueron muy amables. Nos regalaron un frasco de rábanos secos y no nos dejaron ir hasta que lo aceptamos. —Liu Hui sonrió y abrazó el gran frasco de vidrio—. Esta noche comeremos vegetales encurtidos.
—Qué bien, para variar un poco el menú. —Ren Yi se volvió hacia Sun Dingyi—. ¿Y ustedes?
—Un basurero en llamas —respondió Sun Dingyi con una sonrisa seca.
—¿Y luego?
—Menos mal que llegamos rápido. Si nos demorábamos un poco más, el fuego se habría apagado solo.
—Jajajaja…
—¿Ya regresaron todos? Suban, tenemos una reunión —gritó Qu Yangbo desde el piso de arriba.
Una vez que todos estuvieron sentados en la sala de reuniones, Qu Yangbo tomó la palabra.
—Hoy tengo algo que anunciar. Pronto daremos la bienvenida a nuevos camaradas. Serán tres.
Algunos golpearon la mesa y otros aplaudieron.
—Escuché que hay una mujer, ¿es cierto? —preguntó Liu Hui con entusiasmo.
—¡¿En serio?! ¡¿Una mujer?! —El grupo entero se alborotó.
Ren Yi tosió con fuerza.
—Así es —confirmó Qu Yangbo—. Estamos a punto de recibir a la primera mujer bombero del Escuadrón Especial Fenghuang.
Un estallido de vítores resonó en la sala.
—¿Por qué tanta emoción? —dijo Ren Yi con voz grave—. Estamos en una reunión, mantengan la disciplina.
Ren Yi solía ser accesible y trataba a sus hombres como a hermanos, pero en cuanto se ponía serio, nadie se atrevía a pasarse de la raya. Todos sabían que Ren Yi no toleraba ningún tipo de descuido cuando se trataba del trabajo.
Qu Yangbo miró a Ren Yi y continuó:
—Esta compañera ya sirvió en el cuerpo de bomberos durante su servicio militar. Después de licenciarse, fue a la universidad y se graduó en la especialidad de Mando de Bomberos en la Universidad de la Policía Armada. Es compañera de estudios de su Capitán Ren. En resumen, es una bombera profesional.
Ren Yi tomó la palabra.
—Las mujeres bomberos son muy raras en todo el país, y su llegada definitivamente tendrá algún impacto en nuestro escuadrón. El propósito principal de esta reunión es darles un par de advertencias. Primero: no permitiré que nadie tenga palabras o comportamientos frívolos o irrespetuosos hacia nuestra nueva compañera. Si descubro algo así, los castigaré severamente.
Todos escuchaban en silencio.
—Segundo: en el trabajo y en la vida diaria, intentaremos tratarla con igualdad, pero debemos ser considerados y facilitarle las cosas en la medida de lo posible. No vamos a criar a una princesa mimada, pero también debemos comportarnos como caballeros.
—Tercero: al entrar a nuestro escuadrón, se convierte en parte de nuestra familia. Ayúdenla a adaptarse e integrarse lo más rápido posible. ¿Quedó claro?
—¡Quedó claro! —respondieron todos al unísono.
—¿Alguna pregunta?
Sun Dingyi levantó la mano.
—Habla.
—Capitán Ren, no estarás pensando en serio en enviarla… —Sun Dingyi sonrió—. ¿A la línea del frente?
—Así es, Capitán Ren —añadió Cui Yisheng—. Le damos una cálida bienvenida a la compañera, pero hay algunas cosas de hombres en las que no debería involucrarse.
—No tienen que preocuparse por eso —respondió Ren Yi—. Solo hagan su trabajo.
—Sí, señor.
A la mañana siguiente, los tres nuevos bomberos se presentaron para el servicio.
Qu Yangbo les organizó una pequeña ceremonia de bienvenida en la sala de estudio, y un grupo de jóvenes bomberos miraba a escondidas a la nueva recluta: Li Sa.
Era alta y delgada, con una postura recta, el cabello corto y arreglado, y unos rasgos faciales simétricos que irradiaban un fuerte aire heroico. Incluso sin una gota de maquillaje y usando un uniforme de entrenamiento que ocultaba por completo su figura, seguía siendo una muchacha hermosa.
Ren Yi les presentó el escuadrón a los tres novatos.
—Nuestro Escuadrón Fenghuang tiene una larga historia de treinta y dos años. Somos el número 37, adscritos a la Brigada de Bomberos del Distrito de Hongwu, y fuimos uno de los primeros escuadrones en recibir el título de «Especiales». Los detalles sobre nuestra historia y eventos importantes están registrados en la sala de historia del escuadrón; deben familiarizarse con ellos lo antes posible.
—Sí, señor —respondieron los tres al unísono.
—Nuestro escuadrón cuenta actualmente con 42 miembros; con ustedes, seremos 45. Ya nos conocen al Instructor Qu y a mí. Él es el subcapitán Gao Ge y este es el jefe de pelotón Sun Dingyi. Nuestro escuadrón tiene un total de cinco equipos. Este es el jefe del equipo de servicios especiales, Wang Xuan; el jefe del equipo de conductores, Mao Xiaoli; el líder del primer equipo de combate, Liu Hui; el líder del segundo equipo de combate, Cui Yisheng; y el líder del tercer equipo de combate, Ding Qing. Deben familiarizarse con el resto de sus compañeros e integrarse al grupo rápidamente.
—Sí, señor.
Ren Yi asignó a los dos hombres al primer y segundo equipo de combate respectivamente, y luego miró a Li Sa.
Li Sa se mantenía completamente erguida, con un destello de expectativa en los ojos.
—Li Sa, a partir de hoy estás asignada al equipo de servicios especiales.
Li Sa se quedó helada; una evidente decepción se reflejó en su rostro.
—Sun Dingyi, muéstrales las instalaciones a los nuevos y enséñales las reglas —ordenó Ren Yi—. Rompan filas.
Ren Yi volvió a su oficina y empezó a redactar los reportes de incidentes de los últimos días, especialmente el del incendio en el bar Cuarta Perspectiva. Cada escuadrón contaba con un oficinista dedicado a registrar en detalle cada emergencia. Él tenía que revisar y firmar esos documentos, pero al mismo tiempo debía redactar su propio reporte desde la perspectiva del comandante. Cuanto más complejo era el accidente, más extenso debía ser el informe. Ren Yi odiaba escribir reportes, tanto como un estudiante odiaba hacer la tarea, pero no le quedaba otra opción.
Mientras escribía, alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Ren Yi levantó la vista y vio entrar a la nueva bombera, Li Sa.
—Capitán. —Li Sa hizo un saludo militar.
—Toma asiento.
Li Sa se sentó en la silla.
—¿Se te ofrece algo?
—Sí. —Li Sa apretó los labios—. Quería preguntarle, Capitán Ren, ¿por qué solo me asignó al equipo de servicios especiales?
Ren Yi parpadeó y la observó en silencio.
—¿Es porque soy mujer? —Li Sa lo miró fijamente, sin inmutarse, y habló sin arrogancia ni sumisión—. ¿Por eso solo puedo hacer trabajo logístico?
—¿Sabes por qué pudiste entrar a mi escuadrón? —preguntó Ren Yi.
—… Porque me contrataron.
—Te contrataron, y tu currículum cumple con los requisitos, pero, al igual que en muchos otros escuadrones de todo el país, yo no estaba dispuesto a reclutar mujeres. —Ren Yi fue sincero—. Tu contratación fue una decisión del Instructor basada en consideraciones políticas.
Li Sa tragó saliva, pero la expresión de su rostro no cambió.
—Hay muchas mujeres en el sistema de bomberos, pero la inmensa mayoría se dedica al trabajo de oficina o la logística. Si somos reacios a incorporar mujeres al combate, no es por discriminación ni prejuicios, sino porque este trabajo exige resistencia física, fuerza y capacidad para soportar una enorme presión psicológica. ¿Has pensado bien en todo esto?
—Lo he pensado muy bien —respondió Li Sa sin dudar—. Fui soldado, serví en el cuerpo de bomberos y estudié Mando de Bomberos. Nadie lo tiene más claro que yo: estoy decidida a ser una bombero de combate. No creo que la fuerza física sea el único criterio para medir mi competencia. Tengo amplios conocimientos profesionales, gran capacidad de adaptación y excelente resistencia psicológica. Mi fuerza no se compara con la de mis compañeros, pero tengo ventajas que ellos no tienen. Por ejemplo, puedo acceder a espacios reducidos; cuando se requiere una suspensión, peso menos que ellos; y soy mejor consolando a las víctimas. Estoy convencida de que, si trabajamos juntos, podemos complementarnos mutuamente.
Ren Yi enarcó una ceja. Esta muchacha irradiaba un espíritu brillante y admirable. Si no fuera su subordinada, le encantaría apreciar esa determinación, pero este trabajo implicaba un riesgo real para la seguridad de las personas. No podía permitirse el lujo de confiarle la espalda a alguien en quien no creyera ciegamente.
—Li Sa, ¿por qué insistes tanto en ser bombero? —preguntó.
Li Sa hizo una pausa.
—Tengo mis razones.
—Tienes razón. Tienes tus propias ventajas y este trabajo realmente requiere trabajo en equipo. Sin embargo, ni yo ni los demás bomberos hemos trabajado nunca con una mujer. No soy el único que tiene estas preocupaciones. Si introduzco apresuradamente un factor de incertidumbre en el equipo de combate, tendrá un impacto negativo en los demás. No puedo permitir que, en la primera línea de fuego, haya una sola persona de la que sus compañeros desconfíen. Así que, te guste o no, por ahora solo puedes ir al equipo de servicios especiales. —Ren Yi se quedó mirándola fijamente, con una mirada aguda—. Si de verdad eres una bombero de combate cualificada, demuéstralo.
Li Sa respiró hondo.
—Lo demostraré. Gracias, Capitán.
—Vuelve al trabajo.
Tras la marcha de Li Sa, Ren Yi soltó un suspiro impotente, apoyó sus largas piernas sobre el escritorio y empezó a jugar con su celular.
En los últimos dos días no había tenido ni el tiempo ni las ganas de prestar atención a las noticias sobre el bar Cuarta Perspectiva. O quizás, subconscientemente, no quería repasar de esa manera lo que había ocurrido aquella noche.
Ahora que por fin se había relajado un poco, abrió algunos de los artículos de noticias más populares y los comentarios en las redes sociales.
La mayor parte de la opinión pública se centraba en las causas del incendio y en buscar a los responsables, pero también había una pequeña minoría criticando su labor en la extinción del fuego. Los acusaban de rociar agua hacia los lados y de no entrar a rescatar a la gente a tiempo. Las discusiones en la sección de comentarios eran bastante acaloradas.
Ya estaban acostumbrados a las tergiversaciones de los medios de comunicación y a la incomprensión de los inexpertos. Esta vez no era tan grave, pero cada vez que veía esas palabras escritas, era inevitable sentir cierta incomodidad e indignación.
Cuando era más joven e impulsivo, se peleaba con los transeúntes que los insultaban, se enfrentaba a los periodistas que no respetaban las reglas e incluso casi llegó a golpear a quienes hacían falsas alarmas. Había recibido sanciones y aprendido la lección. Pero desde que se convirtió en Capitán del escuadrón, comprendió que sus palabras y acciones afectaban a todos sus hombres. Desde entonces, nunca había vuelto a dejarse llevar por la impulsividad.
Por lo tanto, al ver aquellos comentarios, Ren Yi simplemente soltó una carcajada burlona. Cambió a una postura más cómoda y se preparó para transformarse en una diosa digital, listo para jugar una partida y liberar el estrés.
En ese preciso instante, su teléfono comenzó a sonar. Era una llamada de Gong Yingxian.
Ren Yi contestó de inmediato, y enseguida se arrepintió de haberlo hecho tan rápido. Para disimular, se engañó a sí mismo adoptando un tono perezoso.
—Aló —arrastró la última sílaba.
—Los resultados del análisis de orina de Cai Wan ya están listos. Dio positivo —dijo Gong Yingxian yendo directo al grano.
—¿Qué consumió?
—Metanfetamina, clorhidrato de hidroxilimina e ibuprofeno. Le pregunté a un colega de la brigada antinarcóticos; últimamente circula en el mercado una nueva droga llamada ‘agua de hadas’, que es una mezcla de esas tres sustancias.
—¿Qué? ¿Qué diablos es lo de en medio? —Ren Yi conocía la anfetamina y el ibuprofeno, pero esa segunda sustancia estaba fuera de sus conocimientos.
—Clorhidrato de hidroxilimina. Es el precursor químico para fabricar ketamina.
—Oh. Incluso si se drogó, ¿cómo podemos probar que ella provocó el incendio?
—Esta ‘agua de hadas’ requiere un método de consumo particular: debe calentarse. Primero, para vaporizarla y facilitar su inhalación, y segundo, porque al alcanzar los 210 °C sufre una reacción química que intensifica sus efectos. Por ende, la herramienta de calentamiento ideal debe proporcionar una fuente de calor estable y continua, además de ser fácil de conseguir y de transportar. Por eso les gusta usar…
—¡¿Lámparas de alcohol?!
—Exacto —dijo Gong Yingxian—. ¿Todavía no están los resultados del laboratorio de investigación de incendios? Apuesto a que ese trozo de vidrio pertenecía a una lámpara de alcohol.
—Entonces, ¿se drogaron, volcaron la lámpara y prendieron fuego al sofá? —dijo Ren Yi con voz sombría—. Con razón no pudimos encontrar rastros del acelerante, el alcohol es altamente volátil, pero quedarán residuos en el frasco de la lámpara.
—Hasta ahora, es la deducción más lógica.
—De acuerdo. Te avisaré en cuanto tengamos los resultados del laboratorio. Una vez que las pruebas sean concluyentes, podremos cerrar el caso.
Ren Yi dejó escapar un largo suspiro tras finalizar la llamada. Encontrar y castigar a los culpables era el único consuelo para las familias de las víctimas.
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