Después de asearse, Li Chengxiu se metió en la cama con Taza de Té en brazos, mirando el calendario una y otra vez.

Faltaban escasos días para que se publicaran los resultados del examen de contabilidad y, al igual que cualquier candidato en vilo, la ansiedad comenzaba a devorarlo. Repasaba mentalmente sus respuestas, imaginando todos los escenarios posibles.

En su regazo, la pequeña Taza de Té lloriqueaba. Al poco rato, empezó a dar manotazos con sus diminutas patas a la hoja del calendario, cuyo papel era tan delgado y de tan mala calidad que casi se transparentaba. Al ver que Li Chengxiu no le prestaba atención, procedió a morderla.

Fue entonces cuando Li Chengxiu reaccionó, arrebatándole el papel de la boca a toda prisa.

Con suavidad, colocó a la cachorrita boca arriba, frotándole la cálida barriguita con un dedo.

—¿Tienes hambre?

La perrita sacudió su cuerpo peludo y achocolatado, emitiendo un leve quejido.

Li Chengxiu sacó un par de croquetas de debajo de la cama y se las acercó a la boca.

—No puedes comer demasiado, ya… ya te di.

No lograba entender cómo un estómago tan minúsculo podía albergar tanto apetito.

Durante su estancia en la casa de Shao Qun, este había buscado innumerables guías en internet sobre cómo cuidar caniches toy. Una regla de oro era no sobrealimentarlos bajo ninguna circunstancia, pues podían morir. Aterrado por esa advertencia, Li Chengxiu contaba las croquetas casi de a una antes de dárselas. El resultado de tanto mimo fue que la pequeña criatura se había vuelto sumamente caprichosa: si Li Chengxiu no le acercaba la comida directamente a la boca con sus propios dedos, se negaba a comer. Incluso a la hora de dormir, exigía que le frotara el cuello antes de tranquilizarse.

Li Chengxiu parecía estar destinado a cuidar a los demás. Sentía la necesidad imperiosa de atender con devoción inquebrantable a quienes lo rodeaban, incluso si se trataba de una perrita del tamaño de la palma de su mano.

Una vez que la cachorrita estuvo satisfecha, la acomodó en su camita cubierta de gruesas mantas, apagó la luz y se dispuso a dormir.

Apenas cerró los ojos, el tono agudo y ensordecedor del teléfono rasgó el silencio de la modesta habitación.

Li Chengxiu dio un respingo, se sentó de golpe y agarró el aparato de la mesa. Sin detenerse a comprobar la pantalla, se lo llevó a la oreja.

—¿Aló…?

Al otro lado de la línea, solo había silencio.

Frunció el ceño, intrigado. Al mirar la pantalla, un pinchazo agudo le atravesó el pecho.

Era Shao Qun.

Li Chengxiu se quedó mudo. Tras dudar un instante, rechazó la llamada.

Para su sorpresa, el teléfono volvió a sonar de inmediato con insistencia rabiosa.

Hasta Taza de Té soltó un aullido de queja. Sin más remedio, Li Chengxiu oprimió el botón de respuesta.

La voz colérica de Shao Qun estalló en su oído.

—Qué agallas tienes. ¿Te atreves a colgarme?

Li Chengxiu intentó regular su respiración, luchando por soportar el dolor punzante en su pecho. Inhaló profundamente varias veces antes de encontrar la fuerza para hablar.

—Shao Qun… ¿qué quieres?

La voz de Shao Qun sonaba ronca y áspera; su tono no podía ser peor.

—Dejaste algunas cosas en mi casa. Ven a buscarlas de inmediato. ¿Pretendes que se queden aquí hasta que críen gusanos?

Li Chengxiu se quedó perplejo y murmuró:

—Creo… que no dejé nada.

—Yo digo que sí. ¿O acaso insinúas que toda esa basura es mía?

Li Chengxiu apretó los labios.

—Entonces… tírala.

Se hizo un silencio sepulcral al otro lado antes de que Shao Qun lanzara una maldición.

—¿Y pretendes que yo limpie tu maldito desastre? ¿Acaso crees que tengo tiempo para eso? ¡Regresa y recógelo ahora mismo!

Li Chengxiu se negaba rotundamente a volver a poner un pie en aquella villa.

—Tíralo. Ya no lo quiero.

A Shao Qun le hirvió la sangre; casi se le reventaban las venas de la frente. Siseó entre dientes:

—¿Dónde vives? ¡Iré a dejártelo en persona!

Li Chengxiu insistió: —En serio. Ya no lo quiero. —No recordaba haber dejado nada de valor.

—¡Dime dónde vives! Desapareciste sin decir una palabra. ¿Qué haré si un día cambias de número? ¿A quién le cobraré el dinero que me debes? ¿O es que planeas huir de tus deudas?

Li Chengxiu se apresuró a responder:

—No es eso. Te pagaré, solo… necesito dos años.

—¡De ninguna manera! ¿Qué pasa si te largas? ¿Dónde te voy a encontrar? Necesito saber cómo ubicarte, o de lo contrario, me pagas todo el capital y los intereses en este preciso instante.

Li Chengxiu palideció. El brazo que asomaba por encima de las mantas temblaba de frío.

Jamás imaginó que Shao Qun pudiera ser tan detestable. Tras su separación, la crueldad de su verdadera naturaleza parecía haberse desatado sin control frente a sus ojos. Cuanto más lo conocía, más se le helaba el alma.

Habló con voz ronca:

—Si quieres… puedes ir a mi lugar de trabajo.

Shao Qun guardó silencio un momento.

—Dame la dirección.

Al día siguiente, Li Chengxiu sudaba a mares mientras salteaba unos vegetales. Una mesera entró a toda prisa en la cocina.

—Señor Li, un amigo lo busca.

La posibilidad de que fuera Shao Qun le provocó debilidad en las piernas. Titubeó.

—Ahora estoy ocupado… dile que espere.

La chica asintió, pero antes de marcharse no pudo reprimir una pregunta teñida de expectación.

—Señor Li, ¿de dónde conoce a alguien tan guapo? ¿Son muy cercanos?

Li Chengxiu sacudió la cabeza, incómodo.

—No mucho.

Un par de compañeros que trabajaban a su lado se burlaron de la mesera.

Li Chengxiu no lograba concentrarse. Saber que Shao Qun estaba a solo unos metros, separado por una simple pared, le provocaba espasmos en las piernas.

El ambiente entre sus compañeros era bueno; trataban bien al recién llegado. Cuando terminó el plato, alguien más tomó su lugar en la estación.

—Ve, tu amigo te espera. Vuelve pronto.

Era pleno mediodía, el momento más ajetreado de la jornada, y todos debían estar en sus puestos. La ausencia de uno solo se notaba. Avergonzado, Li Chengxiu prometió regresar de inmediato.

Al llegar al salón principal, divisó a Shao Qun sentado en una mesa apartada en un rincón. Sostenía el menú y lo hojeaba con aburrimiento, apoyando la barbilla en una mano.

Apenas vio a Li Chengxiu de reojo, enderezó la espalda y apretó la mandíbula. Su mirada se clavó en él como un par de cuchillos afilados.

Li Chengxiu se acercó a la mesa y se sentó para no llamar la atención. Habló con dificultad:

—¿Qué fue lo que… olvidé?

Desde que apareció, los ojos de Shao Qun no se habían apartado de su rostro ni un segundo. Respondió con displicencia:

—Lo tiré a la basura.

—¿Ah? ¿No ibas a… traerlo?

Shao Qun se justificó con total descaro.

—Tú mismo dijiste que no lo querías.

Li Chengxiu se quedó sin palabras y murmuró en voz baja:

—Entonces, si ya no hay nada más… —Hizo el ademán de levantarse para marcharse.

De un tirón, Shao Qun le agarró la mano.

Sobresaltado, Li Chengxiu miró a su alrededor con ansiedad.

Se encontraban en una esquina, y aunque a menos que alguien los buscara a propósito resultaba difícil notarlos, el temor no abandonaba a Li Chengxiu.

Shao Qun arrugó la nariz al notar el estado de su piel.

—Tus manos están ásperas como el papel de lija. ¿Acaso no puedes ponerte crema?

Li Chengxiu tiró de su brazo, intentando zafarse con desesperación, y su voz tembló.

—Suéltame. ¿Qué haces?

—¿Acaso no puedo venir a verte? —Shao Qun le apretó la mano con firmeza, exhaló profundamente y preguntó—: Chengxiu, ¿ya se te pasó el coraje en todos estos días? ¿O tienes intenciones de seguir con el berrinche?

En la cabeza de Shao Qun, Li Chengxiu era incapaz de soportar la separación.

Se daba cuenta de que este hombre blando lo amaba en verdad. Por ende, no era difícil comprender su furia al enterarse de la boda.

Tras pensarlo con calma una vez que la rabia cedió, Shao Qun llegó a la conclusión de que la actitud de Li Chengxiu no era más que un ataque de celos. Huir de casa era, sin duda, una estratagema para llamar su atención.

Aunque le molestaban esos dramas innecesarios, tan típicos de las mujeres lloronas que amenazan con el suicidio a la primera de cambio, en el fondo sentía una secreta satisfacción al confirmar la devoción de Li Chengxiu.

Estaba convencido de que la situación tenía arreglo.

La boda era inevitable y ocultárselo a Li Chengxiu ya no era una opción. La única alternativa era colmarlo de beneficios y encontrar la manera de que lo aceptara.

Con el corazón tan blando que tenía Li Chengxiu, bastaba con ser un poco más cariñoso, bajar la guardia y darle una excusa para ceder. Seguramente no seguiría empecinado por mucho tiempo.

A diferencia del afecto y la sumisión que se compran con dinero, la adoración sincera y sin filtros de Li Chengxiu le resultaba refrescante y embriagadora.

Solo por eso, valía la pena el esfuerzo de convencerlo de volver.

Y además, la verdad es que los días sin él le habían resultado insoportablemente incómodos.

La casa se sentía vacía, como si todo estuviera fuera de lugar. Las noches a solas, sin alguien a quien abrazar y con quien hablar, lo consumían de soledad. La comida de los chefs más prestigiosos le sabía a cenizas; lo único que anhelaba era la comida casera de Li Chengxiu. Su partida desencadenó una sensación de crisis inminente, como si su vida hubiera descarrilado. Cualquier inconveniente lo alteraba, todo le parecía una molestia insoportable.

Que Li Chengxiu ocupara una parte tan enorme de su vida no dejaba de parecerle peligroso, pero la nostalgia apremiante por aquella tranquilidad perdida terminó por vencer a la cautela, lo que lo llevó a llamarlo por iniciativa propia, luego de muchas dudas.

Decir que había pensado en Li Chengxiu todos los días no era una exageración, pero al verlo actuar como si tuviera prisa por huir a cada segundo, su furia se encendió de nuevo.

Los puños de Li Chengxiu estaban apretados con fuerza, y articuló cada palabra con lentitud:

—Shao Qun, terminamos.

Los músculos del rostro de Shao Qun se tensaron en un esfuerzo por no perder los estribos en público.

Con expresión lúgubre, siseó entre dientes:

—Li Chengxiu, no seas un ingrato.

A Li Chengxiu le ardieron los ojos y forcejeó para liberarse.

Pero Shao Qun lo sujetaba con tal fuerza que le impedía el menor movimiento.

El tono de Shao Qun adquirió un matiz de urgencia.

—¡Maldita sea, habla! ¡Dime qué es lo que quieres!

Li Chengxiu suplicó, presa de la angustia:

—Suéltame.

Shao Qun inhaló hondo y trató de sonar lo más calmado posible.

—Chengxiu, te regalaré un restaurante. Escoge la zona de Shenzhen que más te guste, puedes administrarlo como quieras, ¿qué te parece? Así, si quieres trabajar, trabajas, y si prefieres quedarte en casa disfrutando de la vida, también. Y si lo que deseas es entrar a una empresa, te buscaré un puesto de inmediato. Deja ya este teatro, ¿quieres?

Li Chengxiu estaba al borde del llanto.

—Shao Qun, por favor, no… no me insultes más.

El cuerpo de Shao Qun se quedó rígido, relajando su agarre por accidente. Li Chengxiu aprovechó la oportunidad, apartó la silla y corrió a refugiarse en la cocina.

Shao Qun propinó un puñetazo furioso a la mesa y salió disparado del local bajo las miradas estupefactas de los presentes.

Inmerso en un torbellino de pánico y confusión, Li Chengxiu logró terminar su turno a las cuatro en punto. Como un reloj suizo, el teléfono sonó. Era Adrian.

Al conocer sus horarios, Adrian, muerto de aburrimiento, buscaba cualquier excusa para llevarlo de paseo.

Li Chengxiu no era bueno rechazando a la gente, y mucho menos a alguien tan efusivo y directo como Adrian, que no parecía comprender ni darle importancia a una negativa. Resignado a acompañarlo en el auto, Li Chengxiu no pudo evitar preguntarle:

—¿Tú no tienes que trabajar?

Adrian se echó a reír con despreocupación.

—Tengo empleados en la tienda. Si tuviera que estar ahí todo el día, ¿de qué me serviría ser el jefe? Para eso, preferiría ser un mantenido sin preocupaciones.

Aunque Li Chengxiu no compartía muchas de sus ideas, seguía creyendo que el trabajo era una necesidad fundamental para subsistir por uno mismo, especialmente cuando no se tenía a nadie más.

Adrian le lanzó una mirada risueña.

—Sé lo que estás pensando, pero te aseguro que que te mantengan requiere su propio talento. Mi gran ambición de antes era conseguir a alguien que me mantuviera. Quería pasármela de vago, feliz todos los días. Pero después de que me mandaron al diablo de una patada, abrí los ojos. Me di cuenta de que no podía seguir así; tarde o temprano me haría viejo. Por suerte, resulté ser talentoso, y hoy por hoy no me va nada mal. Aunque… —Adrian esbozó una sonrisa triunfal—, yo no soy tan fácil de manejar como tú. ¿Ves la tienda que te mostré y este auto? Todo salió de los bolsillos de mi ex. Si todos en el mundo fueran tan ingenuos como tú, viviríamos en una utopía de armonía absoluta.

El rostro de Li Chengxiu palideció.

Adrian lo observó y suspiró.

—Sé que sueno duro. Así soy, sin filtros. Pero reflexiona un poco sobre lo que te digo, piénsalo: quien no vela por sus propios intereses, termina cayendo en desgracia.

En los últimos días, Adrian no había dejado de llevar a Li Chengxiu a probar diferentes restaurantes. Ese día, le tocó el turno a un lugar de comida tailandesa.

Al llegar, Li Chengxiu se llevó una sorpresa: el restaurante tailandés era el mismo al que había acudido tiempo atrás con Li Shuo.

Mientras lo empujaba hacia la entrada, Adrian le guiñó un ojo con complicidad.

—Hoy te presentaré a un gran partido.

Li Chengxiu se sobresaltó. Quiso retroceder, pero ya era demasiado tarde. El “gran partido” de Adrian apartó la vista del menú y los miró.

En el momento en que sus miradas se cruzaron, la sorpresa se reflejó en ambos rostros.

Aquel hombre elegante, apuesto e impecable, no era otro que Li Shuo, a quien no veía desde hacía tiempo.

Tras la estupefacción inicial, Li Shuo se levantó de un salto, lleno de emoción, y se apresuró a recibirlo, incapaz de creer lo que veía.

—Chengxiu.

La sorpresa de Li Chengxiu era evidente.

—¿Jefe?

El rostro de Li Shuo resplandecía de alegría, y no pudo evitar rodearlo con los brazos en un abrazo afectuoso.

A pesar de lo repentino del gesto, mantuvo su cortesía impecable, limitándose a estrechar sus hombros con delicadeza.

Desde un lado, Adrian dejó escapar un grito dramático.

—¿Se conocen? ¿Cómo es posible que se conozcan y yo no me haya enterado? ¿Dónde quedó mi orgullo como cupido? ¡Exijo una compensación!

Li Chengxiu también se sintió contento en su interior; siempre había albergado remordimiento por su brusca partida aquella noche.

Li Shuo se apresuró a preguntar, con tono ansioso:

—Chengxiu, no sabes lo apenado que he estado. La última vez me dejé llevar por la ira y provoqué a tu novio. No me imagino los problemas que te causé. Cuando desapareciste por completo, la culpa no me dejaba dormir. ¿Te encuentras bien?

Li Chengxiu esbozó una sonrisa forzada.

—Sí, estoy bien.

Li Shuo le indicó que tomara asiento.

—Ven, siéntate. Tenemos mucho de qué hablar.

Adrian se sentó haciendo un puchero.

—Pediré el plato más caro del menú.

Li Shuo acarició la cabeza de Adrian con una sonrisa afectuosa.

—Sé bueno. Pide lo que gustes. Tu papel de casamentero en esta ocasión ha sido excepcional, algo sin precedentes.

Adrian suavizó su expresión, mostrando una sonrisa tierna y poco común en él. Mitad en broma, mitad en serio, le dijo:

—Si no te consigo una buena esposa, no podré dormir tranquilo.

Un aura particular flotaba entre ellos, pero Li Chengxiu no lograba definir de qué se trataba.

La atención de Li Shuo ya estaba completamente centrada en él. Levantó la copa de vino que le habían servido.

—Reencontrarme con un viejo conocido en este lugar es un verdadero motivo de alegría. De cualquier forma, yo beberé todo. Ustedes háganlo a su gusto. —Y sin más preámbulos, bebió el vino tinto de un solo trago, olvidándose de toda etiqueta.

Li Chengxiu solo dio un sorbo simbólico.

Mientras aguardaban la comida, Li Shuo aprovechó para charlar detenidamente con él.

—Esa noche, apenas llegué a casa, supe que había cometido un error. Te llamé infinidad de veces y nunca contestaste. Luego dejaste de ir al trabajo y no volviste a las clases. Moví cielo y tierra para encontrarte, pero fue imposible. Estaba consumido por el arrepentimiento y la angustia, temiendo que él pudiera hacerte algún daño.

El recuerdo de aquella noche de frenesí y violencia hizo que a Li Chengxiu se le erizara la piel del cuerpo entero.

Li Shuo insistió:

—Chengxiu, sé sincero conmigo. ¿De verdad estás bien?

Li Chengxiu asintió con rigidez.

—Estoy bien. Solo… me hizo renunciar a mi trabajo.

Li Shuo pareció respirar aliviado, aunque el remordimiento seguía latente en su voz.

—Lo lamento muchísimo. A mi edad, los arranques de impulsividad son raros, pero verte doblegado ante alguien que no merecía ni un solo momento tuyo me indignó profundamente.

Esbozó una sonrisa sutil. —Pero me alegra saber que han terminado. Tomaste la decisión correcta. El dolor es inevitable, pero al menos eres libre. Estoy feliz por ti.

Li Chengxiu se puso pálido.

Observando sus reacciones, Li Shuo no dudó en presionar un poco más.

—Cuando Xiao Hui me habló de la situación, ni siquiera sabía que se trataba de ti, y aun así sentí mucha empatía.

Toda la sangre desapareció del rostro de Li Chengxiu. Abrió la boca, incapaz de articular palabra.

Justo en ese instante, Adrian soltó un alarido a su lado.

—¡Cómo me llamaste! ¡Qué me llamaste! ¡Cuántas veces te he dicho que no me llames así! ¿Te parece que un nombre tan anticuado va conmigo? ¿Crees que va conmigo?

Li Shuo le guiñó un ojo.

—Adi, ¿mejor? Volvió a mirar a Li Chengxiu y preguntó con una sonrisa amable: —¿Me excedí con lo que dije?

Li Chengxiu negó suavemente con la cabeza.

—Pero todo lo que he dicho es verdad. —Li Shuo lo miró fijamente a los ojos—. Me hace muy feliz que ahora estés soltero.

Bajo la mirada ardiente y sincera de Li Shuo, el rostro de Li Chengxiu se tiñó de un ligero rubor, y bajó la cabeza lentamente.

***

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