La visitante no era otra que la Tercera Señorita de la familia Shao, Shao Nuo.

Tras acomodarse en el sofá, enarcó una ceja y se dirigió a Li Chengxiu, quien aún se estaba quitando el abrigo, con un tono impregnado de desprecio. —Tú debes ser Li Chengxiu.

Li Chengxiu asintió. —¿Desea beber algo? ¿Agua? ¿Té?

Shao Nuo alzó la barbilla con altivez.

—No es necesario. El motivo de mi visita es muy simple y me iré en cuanto termine. Mi hermano está a punto de casarse. Toma este cheque y desaparece de una buena vez. —Sacó un documento de su bolso y lo golpeó contra la mesa de centro.

Las manos de Li Chengxiu se paralizaron por un instante mientras guardaba sus zapatos en el mueble. Luego, terminó de acomodarlos con lentitud.

Por alguna razón, ni la visita ni sus palabras lo tomaron por sorpresa.

Con pasos arrastrados, se sentó en el extremo opuesto del sofá. Mantuvo la cabeza gacha y murmuró en voz baja:

—Él dijo… que no se casaría.

—Por supuesto que la boda no será tan pronto, pero se comprometerán de manera oficial en cuanto regresen de sus vacaciones.

Li Chengxiu levantó la mirada hacia Shao Nuo, desconcertado.

—¿Vacaciones?

—Exacto. Ahora mismo están disfrutando de unas vacaciones en el Pacífico Sur.

Li Chengxiu negó con la cabeza, con la mirada perdida.

—No puede ser. Me dijo… que se iba de viaje de negocios.

Shao Nuo pareció sorprendida por un segundo, pero apretó los labios, sacó su teléfono del bolso y le mostró la pantalla encendida.

—Esta es una foto que mi hermano me envió ayer.

Li Chengxiu contempló la imagen como si estuviera hipnotizado.

Era indudablemente Shao Qun. Y a su lado, en traje de baño y abrazada a él con gran familiaridad, estaba la misma modelo de la fotografía del periódico. Ambos lucían sonrisas resplandecientes de felicidad.

Un escozor punzante invadió los ojos de Li Chengxiu, y su voz tembló.

—Yo… digo… a lo mejor, solo son amigos.

Shao Nuo lo miró fijamente, con un atisbo de incredulidad en su mirada.

Con el ceño fruncido, presionó el botón de llamada.

—Quédate callado un momento, haré que pierdas toda esperanza.

Activó el altavoz. Tras los tonos de espera, una voz perezosa y por demás conocida para ambos llenó el silencio de la sala.

—Aló, Tercera Hermana.

—Shao Qun, ¿qué estás haciendo?

—Nada, descansando en la cama.

—¿Se están divirtiendo?

—Bastante bien. Oye, Qi Ming, saluda a mi tercera hermana.

Al instante, una voz dulce y melosa intervino:

—Hola, hermana.

—Mmm, hola. ¿La están pasando bien?

—¡Claro que sí! Este lugar es hermoso, deberías venir a visitarnos algún día.

—Mmm. ¿Shao Qun te está tratando bien?

—¡De maravilla! Es el mejor, jaja. —Al otro lado de la línea, se alcanzaron a escuchar risas juguetonas de fondo.

Shao Nuo forzó un par de risas secas, sin inmutarse.

—Me alegra escucharlo. Pásame a Shao Qun, tengo que hablar algo con él.

La voz de Shao Qun volvió a sonar.

—¿Qué pasa, hermana?

—Oh, solo quería saber si tienen algún pedido especial para la fiesta de compromiso.

—Ninguno, encárguense de todo ustedes.

Tras un par de comentarios triviales, Shao Nuo dio por terminada la llamada. Al voltear, descubrió a Li Chengxiu apretándose la boca con fuerza, con el rostro bañado en lágrimas.

Un fugaz destello de pánico cruzó por los ojos de Shao Nuo.

—¿Por qué… por qué lloras? Eres un hombre hecho y derecho, ¿a qué vienen esas lágrimas?

¿Por qué lloraba? ¿Por dónde podía empezar a explicarlo?

¿Lloraba por las mentiras de Shao Qun? ¿Por su inminente boda? ¿O tal vez porque al fin había despertado de su sueño?

Cada palabra de Shao Qun era un puñal hundiéndose sin piedad en su pecho. Si su corazón se estaba desangrando, ¿qué importancia tenían unas cuantas lágrimas?

Por mucho que intentara engañarse a sí mismo y enterrar sus sospechas, cualquier ilusión se desmoronaba ante el peso aplastante de la verdad.

Una pesadilla… todo era como una horrible pesadilla.

Shao Nuo no supo cómo reaccionar ante una situación tan cruda y se quedó paralizada.

Con la espalda rígida por la incomodidad, observó a Li Chengxiu sollozar con la cabeza gacha durante un largo rato. Finalmente, se puso de pie con exasperación, perdiendo todo el refinamiento propio de una dama de alta sociedad, y espetó:

—Maldita sea, ahora parece que soy yo la mala del cuento y que he venido a abusar de ti.

Empujó el cheque hacia Li Chengxiu.

—Oye, agarra esto y vete de una vez. Mi hermano no es para ti, y tampoco es… tan maravilloso como te imaginas. En resumen, termina con él lo antes posible, será lo mejor para todos.

Li Chengxiu alzó su rostro surcado de lágrimas y la miró con los ojos en blanco. Su voz se quebró entre sollozos.

—Váyase… por favor, váyase. Las llaves están… están encima de la zapatera. Váyase. Yo también me iré… le aseguro que me iré.

Con el rostro pálido de rabia, Shao Nuo salió a toda prisa, dejando tras de sí el eco de sus tacones.

Solo cuando la puerta se cerró, Li Chengxiu se atrevió a liberar el sonido de su dolor. Se agarró la cabeza y se echó a llorar con desesperación.

Le dolía demasiado el corazón. Jamás había experimentado una desesperación tan profunda. El mundo al que se había acostumbrado acababa de derrumbarse en un abrir y cerrar de ojos. ¿A dónde debía ir ahora?

Los engaños de Shao Qun, sus traiciones, su ternura, su devoción… ¿Se trataba de la misma persona? ¿A quién era al que él había conocido?

¿Cómo era posible que alguien grabara cada detalle de su propia existencia en el alma de otro?

Las sonrisas de Shao Qun, sus enojos, sus momentos de pasión… todo se proyectaba en su mente con una nitidez aterradora, reproduciéndose una y otra vez hasta hacer su corazón pedazos.

Un recuerdo borroso de hacía más de una década cruzó por su mente. Aquella vez también había quedado devastado por la frialdad de Shao Qun. Recordó estar solo en el gélido hospital, llorando a gritos con el diagnóstico de su madre en las manos. En ese entonces, al igual que ahora, no tenía a nadie a su lado, nadie dispuesto a ofrecerle ayuda, nadie capaz de tenderle una cuerda de salvación.

En aquel entonces logró salir a flote por sí mismo. ¿Sería capaz de hacerlo por segunda vez?

Li Chengxiu no tuvo noción del tiempo que pasó llorando en la penumbra helada de la habitación. Cuando al fin logró ponerse de pie tambaleándose, la oscuridad absoluta había envuelto el exterior.

Se arrastró hasta el cuarto de almacenamiento, sacó su maleta y la llevó a la habitación para empezar a empacar.

No podía permanecer en ese lugar ni un segundo más.

La presencia de Shao Qun estaba impregnada en todas partes; cualquier rincón albergaba un recuerdo feliz. Tenía que marcharse de inmediato.

Apenas le tomó media hora guardar todas sus pertenencias.

Casi todo lo que poseía se lo había comprado Shao Qun después de la mudanza. Su ropa vieja había sido desechada a la fuerza, lo que le facilitó enormemente la tarea de empacar.

Mientras arrastraba su enorme maleta, sintió como si simplemente hubiera pasado unos días en un hotel. Al momento de partir, no debía llevarse nada que no le perteneciera; cada objeto que se llevara exigiría un precio, y esos precios eran demasiado altos, algo que jamás podría permitirse pagar.

Al salir, solo tomó dos regalos de Shao Qun: la pequeña Taza de Té, que no sobreviviría sin él, y su tarjeta telefónica.

A su regreso, tendría que enfrentar a Shao Qun cara a cara para poner fin a todo y arreglar algunos asuntos pendientes, como el dinero que le adeudaba.

Además, era muy probable que los restaurantes a los que había acudido a entrevistas lo llamaran, y conseguir un empleo se había vuelto una prioridad absoluta.

Se arropó con su abrigo y salió de aquel lugar, tirando de su maleta entre lágrimas, dejando atrás el sitio que había sido su hogar durante más de medio año y que albergaba los recuerdos más hermosos de su vida.

Tomó el autobús hacia la estación de tren y compró un teléfono usado por poco más de doscientos yuanes en un puesto callejero. Luego buscó una pensión económica que cobrara cincuenta por noche, planeando descansar allí por hoy y retomar la búsqueda de alojamiento a primera hora de la mañana.

Li Chengxiu alimentó un poco a Taza de Té, la arropó en su cama calentita y, solo cuando la vio dormir profundamente, se acostó con la ropa puesta. No tuvo el valor de cubrirse con el cobertor descolorido, que ostentaba manchas de origen incierto, así que se envolvió en su abrigo y se tumbó en la cama húmeda, fría y maloliente.

A pesar del profundo agotamiento físico y mental, el sueño se negó a llegar.

Bastaba cerrar los ojos para que la imagen de Shao Qun y su deslumbrante prometida abrazados inundara su mente. El más mínimo descuido lo empujaba de vuelta a las lágrimas.

¿Qué más podía hacer aparte de llorar? Lamerse las heridas en soledad era el camino más seguro; le faltaba valor para lastimar a otros y carecía de poder para moldear el mundo a su antojo. Si no podía desahogarse a través del llanto, ¿qué otra opción le quedaba?

Li Chengxiu mantuvo los ojos abiertos de par en par hasta que despuntó el alba.

Tras una noche de insomnio, sus ojos parecían dos nueces hinchadas. Se lavó el rostro, dejó su maleta y a Taza de Té al cuidado de la dueña de la pensión y emprendió la búsqueda de un nuevo hogar.

A lo largo de sus años en Shenzhen, había perdido la cuenta de las mudanzas y las búsquedas de apartamentos. Nadie tenía más experiencia que él en encontrar lugares económicos, pero tampoco había nadie que anhelara con más fervor que llegara el día en que ya no tuviera que buscar más.

Su sueño inalcanzable siempre había sido poseer una vivienda propia. Un lugar del que nadie pudiera echarlo, donde no tuviera que arrastrar sus pertenencias en busca de un nuevo refugio ante un cambio de trabajo o una subida en el alquiler.

Su plan original era saldar sus deudas, ahorrar quince mil yuanes y abandonar Shenzhen para establecerse en una pequeña ciudad de provincia donde la vida fuera más asequible. Compraría una casa sencilla y, si le sobraba algo de dinero, abriría un pequeño restaurante para llevar una existencia apacible y serena.

La llegada de Shao Qun desmoronó sus planes por completo. Le abrió los ojos a un mundo nuevo, le hizo vivir experiencias inéditas y encendió en él la llama de anhelos más ambiciosos.

Anhelar algo que no pertenecía a su mundo solo garantizaba una caída libre y un dolor desgarrador.

Si las tonterías de su juventud podían excusarse por ignorancia, ¿qué excusa tenía ahora? No había aprendido la lección, así que se merecía todo lo que le estaba pasando.

Y el precio a pagar era arrastrar su cuerpo y alma destrozados a través de aquella metrópolis indiferente en busca de un rincón donde pudiera sobrevivir.

La urgencia lo empujó a Li Chengxiu a alquilar un diminuto ático de doce metros cuadrados sin detenerse a evaluar sus condiciones. Dada su estatura, a duras penas podía dar cinco pasos erguido antes de chocar con la pared. La cocina y el baño se encontraban en la planta baja, lo que suponía un gran inconveniente, pero el precio era muy bajo y se podía alquilar mes a mes, lo que le daría flexibilidad para buscar algo mejor una vez que consiguiera trabajo.

Regresó a la zona de la estación de tren para recuperar su maleta y a Taza de Té, limpió la habitación y colocó sábanas y cobertores limpios. Se desplomó sobre la cama, jadeando por el esfuerzo. Llevaba sin probar bocado ni una gota de agua desde la noche anterior, y el ajetreo del día lo había dejado exhausto y sin fuerzas para moverse.

Sin embargo, en medio del silencio, la sensación de soledad se hizo aún más aplastante.

Una habitación ajena, una oscuridad ajena, un frío ajeno. ¿A dónde había ido a parar todo lo que le era familiar? ¿Dónde estaba Shao Qun? ¿Dónde estaba el hombre que solía hacerle compañía?

Los ojos de Li Chengxiu volvieron a llenarse de lágrimas. De repente, alzó la mano y se propinó una bofetada con todas sus fuerzas.

—Deja de llorar.

¡Plaf!

—Deja de llorar… mariquita… eres un inútil, no llores…

¡Plaf!

—No puedes llorar, no sirve de nada… no sirve de nada, eres un cobarde… mariquita… no sirves para nada…

¡Plaf!

—No llores…

¡Plaf! ¡Plaf!

En la penumbra de la habitación, solo quedó el eco de un llanto ahogado, a punto de colapsar bajo su propio peso.

Al día siguiente, Li Chengxiu recibió una llamada del restaurante situado en la misma calle que el salón de belleza de Adrian. Le confirmaban su contratación y le pedían que se presentara a trabajar en un plazo de dos días.

Aprovechó el día para comprar algunos artículos de primera necesidad y continuó revisando los anuncios de alquiler.

Su nuevo trabajo quedaba bastante lejos de su actual vivienda, y no incluía alojamiento, solo la comida. Tendría que buscar un lugar más cercano para el mes siguiente si no quería pasar tres horas diarias viajando en transporte público.

Por la tarde, su teléfono sonó: era Adrian.

Con su inagotable energía habitual, Adrian exageró su reacción al escuchar su voz.

—¡Oye! ¿Por qué tienes la voz tan ronca? ¿Agarraste un resfriado?

—No… sí, estoy un poco resfriado.

—¿Estás bien? ¿Quieres que vaya a verte? ¿Ya regresó Shao Qun de su viaje? ¿Tienes a alguien que te cuide?

—No te preocupes. Solo es… ronquera. Estoy bien.

—Ah, es normal. Con el cambio de estación, mucha gente se enferma. Tienes que cuidarte.

—Sí, gracias.

—Ah, por cierto, ¿te acuerdas de que me dijiste que estabas buscando trabajo cerca de mi estudio? ¿Encontraste algo?

—Sí, ya encontré.

—¿En la misma calle?

—Sí.

—¡Genial! ¿Es el restaurante de comida de Sichuan? Siempre voy a comer a los mismos dos o tres sitios. ¿En cuál estás tú? Iré a visitarte seguido. Shao Qun dice que tu comida es deliciosa.

El solo nombre de Shao Qun provocó una oleada de dolor sordo en el pecho de Li Chengxiu. Se obligó a responder:

—Sí, es ese.

Adrian pareció percibir que algo andaba mal. —

Chengxiu, ¿estás seguro de que estás bien? Tu voz suena muy rara.

Li Chengxiu dudó un segundo antes de evadir la pregunta.

—De verdad, no es nada.

Adrian soltó un par de comentarios sin importancia, exigiéndole que lo llamara en cuanto empezara a trabajar para salir a divertirse, parloteando sin cesar como si fuera un niño.

En momentos como ese, cualquier gesto de preocupación conmovía profundamente a Li Chengxiu. Estuvo a punto de sincerarse al teléfono en varias ocasiones, pero logró contenerse en el último momento.

En ese punto de su vida, ya no tenía el valor de confiar en nadie con tanta ligereza.

Su plan era presentarse a trabajar al día siguiente, pero una llamada matutina de Shao Qun se lo impidió.

Al ver el nombre en la pantalla, la visión se le oscureció y el corazón le dio un vuelco doloroso. El teléfono repicó sin descanso siete u ocho veces antes de que se cortara la llamada; no había reunido el valor para responder.

Poco después, el teléfono volvió a sonar.

Sobreponiéndose al miedo y al dolor, Li Chengxiu presionó el botón de respuesta.

—¿Aló? ¿Li Chengxiu? ¿Por qué no estás en casa? Acabo de aterrizar. ¿Saliste tan temprano porque conseguiste trabajo? ¿Acaso olvidaste que volvía hoy? ¿No podías haberme preparado el desayuno antes de irte? —El tono de Shao Qun denotaba un profundo disgusto.

Los labios de Li Chengxiu se movieron, pero pasaron largos segundos antes de que algún sonido lograra escapar de su garganta.

—¿Aló? ¿Aló? ¿Estás ahí? ¡Di algo!

—Yo… voy para… para allá ahora mismo.

—¿Qué dijiste?

—Ahora mismo… voy para allá.

—¿Vienes de regreso a casa? Pues apresúrate, me muero por comer algo preparado por ti. Olvídalo, ¿dónde estás? Iré a buscarte.

—No hace falta, no hace falta.

—Como quieras, pero no te demores.

Shao Qun esbozó una sonrisa tras colgar. Paseó la mirada por la montaña de bolsas de compras esparcidas por el suelo, imaginando la cara de Li Chengxiu al recibir todos esos regalos.

No sabía qué le había pasado esta vez, pero apenas había comprado algo para sí mismo; cada vez que veía algo bonito, sentía que le quedaría perfecto a Li Chengxiu, y terminaba comprándolo sin poder evitarlo.

Tahití era un lugar estupendo para relajarse, pero la próxima vez se aseguraría de llevar a Li Chengxiu para no aburrirse tanto.

***

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